domingo, 14 de diciembre de 2025

600 fotos

"A la primera persona que me ayude a comprender
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle mi fe..."

Alejandro Sanz


Ojalá me hubieras conocido varios años atrás.
Dices que te agrado, y yo solo me pregunto qué hubiera sucedido si me hubieras conocido antes de haber estado tan rota y llena de desconfianza. Cuando creía absolutamente todo lo que me decían a la primera, cuando fluir me era más sencillo y no me cuestionaba tanto. Sin duda, convencerme era sencillo porque no tenía ningún tipo de recelo ni dudas, ni mucho menos me limitaba a expresar y demostrar todos mis sentimientos, así, sin temor.

Y sí, innegablemente me desbordaba en actos de amor. Porque en sí, actuar impulsados por amor es fácil, de hecho eso sí lo sigo creyendo.
El amor a la vida, a uno mismo, a nuestros semejantes, a las personas que nos hacen bien, tal vez por eso no me costaba ningún trabajo ser tan libre y abierta a decir, demostrar y dar todo, absolutamente todo, de mí. Cero arrepentimientos: uno da lo que tiene, lo que le nace, lo que es, y yo sí fui muy feliz compartiendo mi corazón, mis sonrisas, mis palabras llenas de cariño, mi confianza, mi tiempo. Entonces pienso que quizás te hubiera volado la cabeza conocer esa versión de mí.

Pero la vida sucede. Las experiencias nos enseñan y las lecciones se repiten hasta que se aprenden. El paso del tiempo te enseña que todos los pozos tienen un fondo, y que por más que uno quiera, si el pozo ha brindado agua hasta secarse, es irreal pedirle que siga dando más, al menos no hasta que se llene de vuelta. Y aunque a mí me gusta mucho aprender, pienso que me hubiera dolido menos aprender ciertas lecciones si mis actos hubiesen sido distintos, lo cual es un pensamiento absurdo, lo sé, porque si algo hubiese sido diferente, entonces no sabría todo lo que sé ahora, y tampoco sería la persona que soy hoy.
Y hoy, estoy aquí. Y hoy, estás aquí.

Así las cosas, mientras que en su Último vals Sabina enuncia algo que resuena en mí: "Yo que soy el cinturón negro en pesimismo.. que prefiero ser don nadie a ser Don Juan...", mientras soy solo esa chica escéptica que busca pasar desapercibida, que no le da su nombre a desconocidos, que no es de maquillarse tanto ni mucho menos salir en fotos, llegas tú, rompes con todo lo que yo tengo como normas personales desde hace años, y pintas mis días de colores que parecen ser fabulosos. Entonces (¡y aprovechando las fechas!), yo solo quisiera pedirle al querido Santa tener esa certeza -que bien sé que nadie puede tener- para asegurarme de que esos colores no se van a desvanecer, o al menos, que realmente estás consciente de lo que estás coloreando, y que realmente quieres hacerlo, sin ningún truco, sin ninguna intención oculta, sin ganas de andar destruyendo gente por ahí.

Lo mejor: la alegría de ir paso a paso para comprobar que eres diferente. Porque si así fuera, podrías descubrir que sí, sí puedo ser la mejor de las personas para tener a tu lado. La porrista, la escudera, el paraguas bajo la lluvia, la enfermera, y el simpático dolorcito en el abdomen después de una buena dosis de carcajadas. La mejor amiga, el mejor equipo. Lo digo así porque lo he sido, porque disfruto serlo, e incluso porque a veces me pregunto (y me entusiasmo imaginando) que si he sido capaz de amar tanto así a las personas incorrectas, ¡cuánto más amor podré dar a la persona adecuada para mí! Sí, tal vez yo ya no soy esa niñita romántica, ni "cursi", ni nada de esos clichés, pero sí soy alguien dispuesta a ser recíproca. Alguien que ama de forma mucho más sabia, más madura, más prudente. Alguien que distingue que las palabras solo se respaldan si vienen con hechos. Alguien que sabe perfectamente lo que quiere, lo que no, lo que acepta, lo que no, lo que permite, lo que no, y sobre todo, lo que vale, y que ya no tiene interés de estar con nadie que no comparta ese mismo valor. Antes, solo pedía que pisaran con cuidado puesto que bajo sus pies estaban mis sueños. Hoy, el pozo se ha vuelto a llenar, lo he llenado yo misma con todo el amor reservado para mí y para quien lo amerite (y lo quiera sinceramente), y mis sueños nunca más van a estar bajo los pies de nadie, sino en mis propias manos, mientras llegue alguien que quiera tomarlas para compartirlos y construirlos juntos. Ojalá se comprenda que en muchas ocasiones, los filtros en mis comentarios no son mera "penosidad", sino los límites seguros de mi instinto de conservación. Porque he visto la película ya un par de veces, y sé cómo ha concluido. La fe te hace ilusionarte, y yo estoy cansada de desilusionarme. Por eso leo entre líneas cuestionándolo todo... con la expectativa (¿y hasta esperanza?) de que hoy el guión pueda ser distinto.

Sin embargo, con todo y el "cobardismo" en que la situación se desenvuelve, ahora me reconozco como alguien valiente, y no por falta de miedo, sino porque actúo a pesar de él, y también porque entiendo que sobrepensar aniquila lo inexplicable. Si busco explicaciones lógicas a todo es porque quiero tener claros los 14 millones de escenarios de los que puedo estar rodeada, y bien sé que eso me hace sentir serena y preparada... aunque también pueda estar acabando con todo lo mágico de las coincidencias, sorpresas y casualidades, y definitivamente no es lo que pretendo. Porque eso, justo todo eso bonito, es lo que nos merecemos. Así que aquí estoy, observando con cautela mientras fluyo de la mejor forma que lo sé hacer ante lo novedoso e inesperado, con los pies muy bien plantados en el suelo de la realidad, pero con la vista observando las estrellas del firmamento que me cobija. Así, hoy tengo claro que nadie tiene porqué pagar los platos que alguien más rompió. Es más, ya los he reparado yo solita. Es por eso que hoy, siguiendo dicha analogía, me basta con esperar que quien deseé estar conmigo, al menos entienda que tengo razones para manejar con suma precaución esa vajilla. Porque aunque no lo haya dicho -y tal vez no me anime a decir tan pronto-, sí tengo ganas de reírme con alguien sobre nuestros chistes locales, alguien con quien admirarnos mutuamente, alguien que sí quiera tomar mi mano y lo haga con orgullo. Alguien que quiera bailar conmigo aunque diga que no sabe bailar, y que diga "sí" aunque no sepa para qué le pedí traer unas calcetas y su CURP. Alguien que me sorprenda, en todos los sentidos, alguien que preste atención a nuestras pláticas y recuerde los detalles importantes, alguien que disfrute saludarme cada mañana y ser escuchado cada noche. Alguien que, aunque diga no prestarle atención a las letras, sí ponga atención a los mensajes en las canciones. Alguien que se emocione tanto como yo al vernos y que no tenga ningún conflicto con mis hábitos de consumo (y que por el contrario, comprenda mi ideología y la respete sin juzgarme), alguien que no tema mostrarse en un mundo con discursos sobre una pseudo 'masculinidad frágil' (y todos esos estudios de género iniciados por Carrigan, Connell y Lee, 1985) y por el contrario, me parezca el más varonil, atractivo y caballeroso del universo al cubrirme del frío, abrirme la puerta del auto, o la silla al llegar a un restaurante. No porque dude que yo pueda hacerlo, sino como un mero gesto de aprecio, respeto y cuidado que venga sin esperarlo o pedirlo, sino de su voluntad.

Así como yo respeto el ajeno, valoro tanto mi espacio personal y mi tiempo a solas que solo me permito estar acompañada de quienes me ofrezcan una verdadera compañía. Porque la soledad más dolorosa no es la ausencia de alguien, sino la presencia de alguien que te haga sentir sola por no aportar una conexión sincera. En este punto de mi vida, yo no espero coincidir con alguien perfecto, sino con alguien real. Alguien que tenga virtudes, sí, pero también que esté lleno de defectos, siempre que esté dispuesto a trabajar en ellos. Todos cargamos equipaje en este viaje llamado vida, por eso solo espero que sus fantasmas puedan convivir con los míos. Porque es muy fácil aceptar lo agradable, lo estético, lo armónico. Lo interesante es caminar las altas y bajas, los pros y los contras, la "pasta de dientes apachurrada" o "la toalla en el piso", por mencionar lo menos. A mi mentalidad administrativa le resulta inevitable diagramar un FODA, un análisis estadístico, un plan de contingencia: distancias, horarios, cansancio, rutina, humor, gustos, hobbies. Todo eso que nos hace experiencias individuales completas pretendiendo compartirse. Por eso considero tan importante estar con alguien que entienda que lo que se rompe no siempre se tiene que desechar si es que se puede reparar primero. Que ante cada obstáculo también vea una oportunidad de mejora y que esté convencido de que todo sacrificio realmente vale no solo la pena, sino la vida. Que un puente se construye por ambos lados. Que siempre tengamos claro el porqué decidimos iniciar un plural. Que somos oportunidades de una sola vez en la vida, y que si tengo estándares altos, es porque sé perfectamente lo que yo también soy capaz de dar. Mutuo, sano, verdadero. Que tenga ganas de hacerlo suceder. Eso, simplemente: que tenga ganas.

Así como mi alma vintage sigue ilusionada añorando merch de los Red Skins -sabiendo que hoy eso es un reto-, pues qué le hacemos, cada día corrboro más que, en definitiva, a mí me gusta todo lo que no es fácil de hallar. Lo único, lo distinto, lo que no cualquiera tiene. Como las lantanas o las margaritas en un mundo donde predominan las rosas. Así, mientras me debato entre las ideas de Nietzsche afirmando que el amor es un sufrimiento que debería ser intentado, o el pensamiento aristotélico sobre el amor como la voluntad de querer para alguien lo que se piensa que es bueno, esta noche le creo a Erich Fromm y confirmo que tal vez simplemente el amar a alguien solo sea una decisión, una elección diaria, una práctica activa y consciente de nuestra libertad, sin ningún otro fin ni propósito que hacerle saber al otro cuánto valoramos el simple hecho de su existencia, para así hacernos mutuamente la vida más bonita. Y digo más bonita en forma colectiva, porque la vida es tan bonita como uno trabaje por lograrla, aunque qué mejor que hacerlo en compañía... si se tiene la fortuna de coincidir con la correcta, y por eso es que yo no quiero perder mi tiempo.

Pensándolo bien, qué bueno que no me conociste antes; es más, estoy orgullosa de que nos conociéramos hasta ahora, porque esa luz que aún no he irradiado al máximo sigue ahí, intacta, y tú pareces ya haberla empezado a descubrir. Si te agrada lo que has visto, y lo que has visto es apenas nada, es muy probable que te agrade aún más todo lo que aún no has visto. No sé, a veces pienso que todo lo vivido nos va preparando para los momentos precisos, para evolucionar hasta que estemos listos. El timing es una cosa realmente misteriosa, y elijo no perder la capacidad de asombro para creer que sí, probablemente cada paso que vamos dando nos lleva indudablemente al camino que merecemos recorrer. ¿Seremos tan inteligentes como para descifrarlo? ¿Seremos tan honestos para mantener real una emoción inicial y transformarla en un sentimiento durardero? ¿Seremos tan valientes como para avanzar hacia la vida y las aventuras que nos depare? Tampoco lo sé. Pero tengo en mi mano el boleto para despegar, ese que tengo guardado hace tiempo, listo para compartirlo con el mejor de los compañeros de viaje; y teniendo muy claro que es demasiado hipotético hablar en tiempo futuro, puedo estar tranquila sabiendo que lo único que tenemos es este momento, eso sí, con la idea de trabajar para que venga otro momento más, y otro más. Así que si hoy llegara alguien con la paciencia del mar que pueda demostrarme que estoy equivocada al dudar de todo, al cuestionarme las intenciones de los otros, al limitar mis muestras de afecto y exagerar en precauciones, entonces tal vez sí, 600 fotos serán solo el inicio, y probablemente muy pocas para atesorar cada momento de los 50 años que puedan venir... y de una temporada navideña bastante oportuna para grabarse en mi memoria.

*Now playing: "La promesa" - Melendi