“You can erase someone from your mind.
Getting them out of your heart is another story.”
Eternal Sunshine of the Spotless Mind
Ahí estaba yo, doña estúp*da, cometiendo el mismo error más de dos veces en una misma mañana. ¿Por qué carambas te metes por esta calle si sabes que toda la zona centro está cerrada? Es tardísimo, hasta crees que encontrarás estacionamiento....
Bueno, no sé qué magia es esta, pero un único cajón en calle Mina se desocupa estratégicamente, como esperando por mí. Alabado sea aquel que se apiadó de mi mala suerte; pero ahora, dime, ¿por qué esa maldita mala manía de nunca revisar el celular? Si así lo hubiera hecho, sabría -antes de llegar justamente a la puerta del lugar a donde acudía- que no habría nadie porque me cancelaron hace una hora. Anda, corre, súbete al coche porque cada segundo que pierdes te demora todo el día... Y de nuevo, ¿por qué entras por este camellón si conscientemente sabes que podías tomar la otra avenida?
No, no se supone que debería estar ahí, ni en ese momento en ese lugar.
Ah, pero eso sí, la señorita muy cantorina al volante, como siempre, con esa playlist del viejo Blackberry de sieempre, escuchando las canciones que me llevan a momentos que jamás sucedieron con frases que me hacen recordar a las mismas lejanas personas de sieeempre. Focus, nena, en vez de estar pensando las mismas tonterías de sieeeempre, deberías enfocarte más en tu camino, porque mira, maldita sea, este semáforo que bien podías haber evitado tardará aún más por este gigantesco trailer que precisamente ahorita está intentando dar vuelta en U en un crucero... Es como un juego macabro en el que cada milimétrico movimiento altera los minutos de mi día por más que pretenda organizarlos de forma práctica. Hoy nada más no está saliendo el engranaje de la forma calculada.
OK, aprovechemos el rumbo porque no hay tiempo que perder, igual debías sacar una copia, y ya por ahí, pasar al banco. Y a ver qué tal, eh, porque mira que ni habrá lugar para estacionarse de nuevo... aunque bueno, místicamente lo hubo, otra vez. Agradecida con el de arriba, porque mira si tienes prisa, con tanto por hacer y tan poco tiempo no sería lo ideal detenerte a saludar a nadie, a menos, claro, que se te acerque el buen Arturo, ese alumno de la uni que acaba de egresar y quien con su tremenda sonrisa exclama un afectuoso: "¡hola, mi querida miss! ¡Qué gusto verla!". No puedo no detenerme a saludarlo, aunque eso implique tomarme un par de minutos más...
Llego a la copiadora. A lo lejos distingo que no había gente así que asumo que sacar la única fotocopia que requiero será algo rapidísimo, si no fuera porque me detuve un momento a ver un perrito que distrajo mi atención, y en el momento de voltear, dos pesonas se adelantan en la fila. Cómo es posible, ¡si solo fue una pausa de un par de segundos! Me recuerda a aquella escena del coche en The Truman Show, cuando Truman busca tomar una ruta y los extras proceden casi coreográficamente a saturar precisamente esa que Truman elige. Bien, perfecto. Asumo con serenidad que de nuevo los minutos se retrasan en mi lista de pendientes, y me pregunto en qué momento fue que ya pasa del mediodía...
Suspiro después de ver el reloj en la pantalla de mi celular, donde también veo una notificación de mi amiga Katya. What? Es raro porque es sábado y ella apenas si se reporta entre semana, en fin, no sé qué querrá decirme pero al ratito sin falta lo veré. Corre, sigue tu camino con la mayor velocidad que el tobillo aún torcido por el tropezón en días pasados te permita. Mientras, mi mente hace un repaso de todo lo que está planeado en el itinerario, pagar la renta, ir al súper, cuidado con la hojita de tu fotocopia, gran idea la tuya estarla paseando, ¿por qué no pasaste a la copiadora hasta el final del recorrido? Lo peor es que así lo pensaste, pero no lo hiciste, ¿por qué, por qué, por qué? Malísima tu planeación toda esta mañana, si sumamos todos los retrasos y desvíos, técnicamente ya ni tendrías que estar caminando ahorita por aquí.
En fin, mi remolino de pensamientos me acompañan al cruzar en automático la calle para adentrarme al mar de gente que se forma en dos filas sin fin sobre la banqueta a la entrada del banco. Tantas personas que vienen y van, tanta gente a mi alrededor, tantos rostros... hasta que precisamente uno de ellos topa de frente con el mío. No podría explicar, yo iba totalmente absorta en mis pensamientos, viendo hacia el frente desde mi minúscula estatura, pero sentí su cabeza girar mientras entre toda la multitud yo pasaba para -literalmente- chocar de lado con él, y me resultó inevitable voltear y mirarlo también. Esa cara me es familiar, muy familiar... Wow, qué lindísimos ojos, pero ¡¿por qué me ve tan fijamente, y por qué no lo reconozco?! Haciendo un disimulado repaso mental en una fracción de segundo, escucho un "hola", al cuál yo respondo igual, con un "¡hola!" algo más sonriente para dar espacio a mi mente para conectar que él es... espera, ese uniforme me dice que viene de... ¡¿QUÉ?! ¡Pero qué clase de micro-amnesia viví por unos segundos! ¿Cómo pude, cómo podría no saber quién era? Sus ojos y su voz haciendo click total para embarrarme de un golpe en la cara todo lo que la memoria de mi nostalgia recuerda aún hasta el día de hoy, pero que claramente no estaba preparada para inesperadamente volver a ver de frente, y mis manitas temblorosas lo confirmaron. Era él.
Claro que no venía solo, claro que venía en compañía de una chica.
Y no, claro que no, no se supone que yo debería estar ahí, ni en ese momento ni en ese lugar.
Como si efectivamente, cada segundo en mis demoras, cada paso en mis fallidas rutas, cada escala en mi planeación improvisada, me hubieran hecho llegar justo ahí, en el momento preciso, exactamente a lo menos planeado, vaya, ni imaginado.
Entonces, sin mayor intro, sin siquiera un acercamiento para un saludo en forma, él solo detuvo a su acompañante para incluirla como una especie de testigo ante su frase: "¡justo esta mañana hablábamos de ti en clase! ¡justo hoy platicábamos sobre ti!" Procedo a disimular mi asombro con un simple, pero amigable y contundente "¡ay, ajá!", para escuchar como respuesta un "Sí, sí sí, con la teacher Katya"...
Así, lo único que escucho es una abrupta solicitud para resolver un favor, o al menos para orientarse al respecto. ¡¿Qué?! Más de año y medio sin tener idea el uno del otro, ¿y para lo único que soy necesaria es para resolver una consulta técnica? Va, entendido. Cambio mi tono de inmediato, mi sorpresa se volvió -nuevamente- decepción. Sí, cuenten con ello, me dará mucho gusto ayudarles, sin problema podemos hacerlo (y lo digo sinceramente, esa extraña fascinación por ayudarle al prójimo es como mi superpoder y me hace patológicamente feliz).
Así, resuelto el tema, una tensa mini despedida, que no lo fue totalmente porque entre frases cliché de bueno, nos vemos, él le dijo firmemente a su compañera: "no, yo me quedo aquí, al ratito te envío la info, ¿va?"... Y entonces, frente a frente, en medio de una banqueta y entre toda la gente, su sonrisa y un: "ahora sí... ¡hola!" con su respectivo beso en la mejilla. Para ese instante, estoy segurísima de que doña estúp*da estaba sonriendo con una cara de ídem. Una breve intro sobre lo molesto del sol (como en aquellas tardes solíamos platicar), y un par de preguntas del tipo cómo estás, reconociendo entre risas que esas frases cliché no suelen decir mucho, pero al menos sirvieron para comenzar una recopilación express en la que al menos yo sí mencioné que estoy bien. Porque lo estoy.
Algunas risas, algunas referencias puntuales a chistes locales -que me asombra que recuerdes-, algunos datos, ponerse al día de una forma express y tan repentina no es sencillo y mucho menos con esa vibra de que ahora solo somos dos desconocidos que se conocieron bien y que ahora solo tienen recuerdos en común. Peor aún cuando salió el asunto del "debo irme, tengo que enviar un examen antes de las dos... pero realmente me gustaría quedarme... ¿te gustaría que, no sé, en uno de estos días saliéramos para platicar? Yo descanso entre semana... ¿Te sigue gustando el azúcar?... He cambiado cuatro veces de teléfono, ¿me puedes dar tu número de nuevo?..."
Así, algo que a simple vista se ve muy lindo, mis paranoicos y desilusionados sobrepensamientos cuestionan. ¿Porqué pretendiste guardar mi contacto en tu celular, pero te arrepentiste sutilmente y decidiste mejor hacerlo anotándolo en una libreta? (sí, lo sigo analizando), y como chiste del destino, lo escribiste utilizando la pluma verde que yo te regalé cuando nos conocimos, y tú mismo me lo hiciste notar. Wow, qué random es eso, tan significativo y a la vez tan irrelevante. Sigo también analizando cada frase, cada comentario de nuestro diálogo, y también queriendo borrar -como si se pudiera- esas últimas palabras tuyas relacionadas con la última vez que nos vimos y algo sobre "haber bebido como un idiota, y no haber podido tener una conversación bien". No, no no. No caigas tan bajo. No recurras a una excusa tan pero tan barata. Se dijo lo que se dijo y lo sabemos los dos. Ahora sugieres que estaría muy bien platicar para dar ¿muchas "respuestas"? No, totalmente irrelevante, si dudas no tengo. Hubiese preferido explicaciones, quizás, y ya ni al caso, porque pienso que los actos gritaron lo que las palabras callaron, pero si no las recibí en su momento menos las quiero ahora que no las necesito porque ya no me interesan, dejaron de interesarme cuando entendí que para mí, mi paz valía mucho más que eso y que para ti ni siquiera eso merecía.
¿Sí cachas que es por tí que ahora detesto a Dostoievsky? ¿Que hay canciones que amo pero simplemente no puedo volver a escuchar? ¿Que cada noche al salir de mi trabajo tengo que voltear la mirada hacia el lado izquerdo de esa avenida, porque pasar a diario por ese esa heladería y ese cafecito que están a la derecha simplemente me rebasa? Claro que no lo sabes, no tendrías porqué saberlo, y de hecho tampoco es un reproche porque sé muy bien que ha sido mi mente la que inevitablemente rueda en el mismo sitio como un ratoncito enjaulado que, aun teniendo la puerta abierta para escapar, se encariñó demasiado con el lugar que le causa una penita en su roedor corazón. Toda esa parafernalia sobre anotar un número que -bien sabemos- no vas a marcar (y que para empezar si hubieras querido tener lo habrías pedido a una de las múltiples formas que tenías para obtenerlo), toda esa bonita historia de "vernos y platicar", todo eso... Just don't. No lo hagas porque si te sentiste comprometido a decirlo -sobre todo luego de iniciar nuestro encuentro meramente pidiendo informes sobre un trámite que quieres hacer-, es completamente innecesario, con todo gusto te puedo apoyar a ti y a tus compañeras. Si fuiste sincero, venga, sorpréndeme, porque yo sí concido honestamente con eso de que "a veces es necesario tener con quién platicar tan a gusto"; pero en caso contrario, solo te pido que no pienses que soy tan tonta como para creer que te interesa dar "respuestas" y "platicar" tantísimo tiempo depués.
"Ahora usas tennis", me dices. "Ahora vistes de amarillo y no de rosa", como notando diferencias entre entonces a hoy.
Pero también me dices "ven acá" y me acercas a ti para darme un abrazo, como entonces, para despedirte con un chiste local donde me dejas saber que mi perfume aún permanece en tu memoria.
So, what. Un beso en la mejilla y cada quién seguimos nuestro camino, tan real como figuradamente se escuche, y lo único que entiendo es que los cálculos del engranaje del tiempo no están en mis manos pues parece que aunque hagamos planes al final solo somos juguetes del "destino" (o más bien de nuestro subconsciente), pero no sé porqué (o para qué) fue necesario que cada segundo y cada minuto de lo sucedido o no durante mi mañana no fueran errores, mala planeación o casualidades, sino causalidades que inevitablemente me llevaran hasta ahí para coincidir... y nuevamente, seguir como si nada.
Ps. ¿Quién le atribuye significados al comportamiento? ¿O es tan solo que, como dijo Aristóteles, la memoria es la bitácora del alma?
No lo sé, pero me da gusto verte tan (hipocondriacamente) bien.
*Now playing: "Ojos noche" - Elsa y Elmar

No hay comentarios:
Publicar un comentario