"La soledad le había seleccionado los recuerdos, y había incinerado los entorpecedores montones de basura nostálgica que la vida había acumulado en su corazón, y había purificado, magnificado y eternizado los otros, los más amargos"
Cien años de soledad, G. G. Márquez.
En su Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano explica que recordar viene del latín re-cordis, lo que significa algo así como "volver a pasar por el corazón". Y es que el tiempo se lleva los recuerdos, por eso son tan valiosos (para algunos). Pero la memoria no es la realidad en sí. Lo que extrañamos ya no existe. Es más, extrañamos el recuerdo de lo que fue, ni siquiera al hecho o persona en sí, porque como tal, ya no está. Pregunta aparte sería el cuestionar si es que acaso alguna vez estuvo. En el hoy, eso ya no importa en absoluto. Quizás entonces todo era nada y solo haya sido R.B. Zajonc y su teoría sobre el Efecto de Mera Exposición; o tal vez cuestiones de bioquímica cerebral, dosis de dopamina y oxitocina sumadas a ciertos remanentes de la memoria... pero solo eso.
Cuando alguien entra en tu vida y después de compartir un tiempo se marcha sin ninguna explicación, eso es todo menos cariño. Incluso si ese alguien alguna vez te preguntó "para tí, ¿qué es la lealtad?". La forma en que se va te lo dice todo, y esa persona que se ve al final es quien en realidad siempre fue. Entonces, ¿por qué ese impulso de dar relevancia a quienes no mostraron un mínimo interés? Quizá porque en algún punto entre el "hola" y el "adiós" hubo cariño, mucho cariño, incluso el obscuro y decadente Bukoswky decía que "hay fantasías que ni siquiera sabes que tienes hasta que entras en sintonía con la mente correcta". Lo que es significativo (para algunos) nunca es efímero. Sin embargo, si la única constante es el cambio, absolutamente nada dura para siempre. No importa lo mucho que la absurda melancolía desee revivirlo, desde los tiempos de Héraclito bien se sabe que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Nunca encontrarás a la misma pesona dos veces, ni siquiera en la misma persona.
Así que ya no más.
Hoy lo vi claramente y supe que ha sido (mucho más que) suficiente.
La nostalgia es un sentimiento muy fértil, pero ya fueron demasiadas letras al vacío. Ya no me da la vida (ni las ganas) para hacerle entender a la memoria que, por estar con alguien más, por momentos he dejado de estar conmigo. No hay necesidad. No soy muy fan del condicionamiento operante, y mucho menos de fingir lo que no siento, pero es tan real que ante repetidas conductas negativas la respuesta es que se pierda efecto ante el estímulo, y los encantos dejan de encantar. Así que Skinner, Watson, Thorndike, Pavlov, esta lluviosa noche yo los invoco, porque si el querer es una decisión, hoy decido ya no querer. Tan real que cuando en una chica nacen sentimientos por alguien, el único capaz de matar el sentimiento es ese mismo alguien. Tan real que sin memoria no hay pasado ni futuro y viviríamos en un presente infinito, pero tan real que así como requerimos de recordar para sobrevivir, también es necesario olvidar para lograrlo.
No se puede dejar atrás la nostalgia si se sigue buscando una lógica en los sentimientos. De cualquier forma, si extrañar (conjuguemos en tiempo pasado del ya no más) fue el precio necesario por haber vivido lo que (al parecer solamente yo) viví, perderlo y aprender de ello lo valió cada minuto de cada tarde en aquel (ahora lejano) otoño, y ya lo pagué con gusto. Me marcó muy hondo, y no hablaba de la piel, sino de la vida. Ojalá nunca me hubiera tocado, ojalá nunca (me) lo hubiera permitido. Lo echamos todo a perder.
Que se quede con mi pulsera de ojos turcos como amuleto olvidado bajo su almohada, con mi DVD de aquel documental mexicano que le presté para verlo juntos, y con una versión de mí que no todos conocen y que lo quiso de una forma muy bonita. Que se quede con eso pero con nada más, porque lo extrañé como si aún lo mereciera (siendo yo quien ya no merecía hacerlo), y aunque cero me arrepiento, es hoy cuando lo dejo ir todo (aunque una partecita de mí se vaya con él), con todo mi agradecimiento y con todo ese afecto que en mí había despertado y que hoy despido con un simple "cuídate mucho".
Ya era hora, hace mucho que lo era.
Prueba superada.
*Now playing: "Esta vez"- Julieta Venegas

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