domingo, 4 de junio de 2023

Epílogo

"Cada palabra tiene consecuencias. Cada silencio también”.
Jean-Paul Sartre

Ha pasado una semana desde aquel fortuito encuentro.
Me levanto de la cama, me preparo un plato de cereal. Tarareo una canción: "...de no haberte conocido mi vida no sería así, y creo que nunca te lo he dicho: mientras duró fui el más feliz 🎶". Me sigo preguntando tantas cosas, es como si me hubieran desarmado todo eso que aún me esmeraba por armar, como un castillito de Legos o una inestable torre de Jenga que colpasó catastróficamente; y lo patético es que no he salido de mi asombro. El castigo de ser una overthinker es darle vueltas y vueltas a las cosas hasta encontrarles vértices infinitos y perderme en ellos como si eso me pudiera ayudar a encontrarles un sentido, lo que, por supuesto, nunca sucede, y por el contrario, me hace vislumbrar 14 millones de escenarios multiplicando las (im)probabilidades a la décima potencia.

Rememoro esa noche, pretendiendo llenar esos huecos que con nada consigo hilar, como continuando el guión de la inusitada historia.
Después de unos tacos en el lugar de siempre con la gente de siempre, me decidí ofrecer un ride a quienes lo necesitaran, obviando el hecho de que éramos 8 personas y solo dos vehículos. Luego de un par de momentos algo incómodos por lo extrañamente distinto de tu actuar, abordé mi auto y -como suelo hacer- me rendí y no insisití más. Siempre he creído que aquí nada es a fuerzas, tomé un sorbo a mi agüita de horchata e ignoré el absurdo hecho de que, básicamente, todos pretendían irse en el otro coche. Cual si yo tuviera la peste del medioevo, o siendo francos, más bien denotando la -ahora- falta de confianza hacia mí. Whatever.

La lógica de las leyes de la física señalan que la materia no pueden ocupar simultáneamente dos espacios -mucho menos la de siete cuerpos en un sedán-, por lo que de manera inevitable, Aurorita optó por aceptar mi humilde oferta con rumbo al centro. No escuché cómo, no quise hacerlo, pero de alguna forma, tú también terminaste en el asiento de atrás de mi coche, dejando únicamente el espacio vacío de mis incógnitas como copiloto. "¿Así de plano, de a Uber?" -les pregunté-, y ante el silencio de ambos dije "va, no hay falla". Pero entonces suspiraste, como molesto, y en un arranque abriste la puerta para pasarte adelante impulsivamente. Todo raro, todo tenso, todo tan diferente que yo desconocía por completo al curioso sujeto que ocupaba el lugar en el que ya no estabas tú.

Encendí mi coche y avanzamos. Aurorita tan silenciosa como siempre, y tú enfatizando que morías de sueño. ¿Yo? Permanecí impasible, queriendo desconectarme de ese instante tan inesperado, tan extraño, tan inexplicable y lejano a tantas y tantas otras veces que antes fueron, pero que aquí y ahora claramente ya no son más. Un tope inadvertido y sin palabras de inmediato tú sacando mis lentes de la guantera, reconociendo perfectamente todo aquello que conoces bien.

Avanzo con calma, pidiendo indicaciones a Aurorita para llevarla a su destino. Al darme una vaga referencia, te apresuraste a decirme una indicación clave, de esas que solamente tú y yo identificaríamos con precisión. Asiento con la cabeza, y con toda serenidad, como bajando la guardia, cierras los ojos y te quedas dormido, como con aquella certeza de saber que estabas bien, que conmigo estabas seguro... o simplemente la fiesta y el cansancio terminaron por vencerte. ¿Por qué mi necedad de darle varias lecturas a las cosas? ¿Por qué no puedo simplemente conducir y ya? ¿Por qué es tan difícil poner en mute mis pensamientos? ¿Por qué le doy significado a todo lo que sucede a mi alrededor? ¿Por qué mi hiperobservación de cualquier estímulo los percibe como señales? ¿Por qué mi disonancia cognitiva no me permite simplemente existir omitiendolo todo? Más aún, ¿por qué olvidé mi BlackBerry para al menos oir mi playlist y no la radio? Grrr, ¿por qué no me dijiste a dónde llevarte antes de caer dormido? Mares de preguntas bailando en mi mente hasta que llegamos al primer destino. Me despido de Aurorita y quedo en blanco en medio de ese angosto callejón de un solo sentido y en el que nunca había estado, que conforme avanzo noto que ni siquiera tiene salida, o más bien sí, nos dirige a la zona del mirador, como un maldito chiste cruel de la irónica vida precisamente en el menos oportuno de los momentos.

Doy vuelta en U mientras te pido indicaciones. Tu yo semidormido me dice en una palabra hacia dónde ir y así lo hago, dirigiendo el volante con mi mano izquierda mientras que mi mano derecho busca sostener tu cabeza para que no te lastimes el cuello debido a tu mala postura sobre el asiento. Nada en contra de Cristian Castro que suena de fondo, de hecho esa hasta me gusta, ¡pero definitivamente no, gracias, ahorita no, joven!, ya tengo suficientes referentes que me anclan a tu recuerdo como para añadirle una estúpid*mente atinada canción más, así que presiono un comando del tablero y cambio la estación. "K-102 digital", anuncian, e irónicamente recuerdo que fue precisamente esa emisora la que alguna vez cubrió un evento de nuestro trabajo, y en la que los conductores te entrevistaron a ti. Entrevista que grabé en mi móvil 'como evidencia laboral' pero que 5 meses más tarde no sé porqué no puedo borrarla aún. También recuerdo que la programación a esta hora de la madrugada no es la más actualizada ni mucho menos los hits del momento, pero es lo mejor que hay disponible. Así, mientras subo por la avenida Panamericana, comienzan a escucharse las notas de un muy noventero Chayanne que los archivos de mi niñez reconocen de inmediato.

Para hacerme compañía le subo un poco al volumen -conozco que eso no inmuta tu profundo sueño-, y no me queda más, por inercia comienzo a susurrar cada estrofa; a las que, aunque voy sumergida en mis pensamientos, les presto atención por primera vez en la vida.

"🎶 Fuiste un trozo de hielo en la escarcha, una parte de mí que se marcha con la frialdad que tuviste al decirme adiós..." 🎶. La ironía de la vida es un maldito chiste (in)oportuno -me digo-, mientras volteo a verte y pienso que no me merecía tu repentino y radical silencio ni que te largaras de mi vida así nomás, sin siquiera una despedida, sin un motivo, sin nada más que un mensaje que ya no tuvo respuesta; a sabiendas de que contigo te llevabas un pedazo de mi corazón, ese que tuviste en tus manos medio año y de repente sin explicación te importó menos que cero. Así tuve que re-aprender a seguir viviendo mi vida como si no nos hubiéramos conocido -aunque lo hicimos-, como si nada hubiera pasado -aunque pasó-, como si estuviera completa -aunque no es así y apenas voy reconstruyendo esos fragmentos míos que se fueron contigo-. Qué bueno que duermes, porque así no escuchaste que tuve cobardemente el valor de decirte en voz alta lo enojada que estoy contigo.

Doblo en el semáforo y el boricua toca fibras sensibles. "🎶 ...fuiste tiempo de amor por las noches y hay que reconocer que lo hacías bien, era llegar con la espada hasta la pared..." 🎶. Como recordando aquel simpático mensaje en el que afirmábamos que era bueno "ya no ir tan acelerados", para dos días más tarde caer en lo que tarde o temprano sucedería. Como si pudiera dejar de ver tus manos, tus brazos, tu cuello, y no acordarme. Como si las "noches frías" que mencionaste en tus últimos audios no las estuviera viviendo yo también. Como si no hubieras sido la más indescriptiblemente placentera experiencia. Como si no acabaras de decir que te sigue gustando mi perfume. Y más allá del plano físico, como si no hubieras sabido lo bien que nos hacíamos al querernos bonito, al cuidarnos mutuamente, al compartir lo que realmente era nuestra intimidad en el sentido profundo y que no a cualquiera se le confía: miedos, sueños, planes, traumas, penas, logros, ¡esencia!, al habernos dado la importancia que nos dimos ante todo, frente a todos, y frente a nosotros mismos. No es posible querer sin admirar, y yo a ti te admiraba tanto...

Doy vuelta por el Chedraui, y aprovecho la luz roja del alto para voltear y cerciorarme de que mi mano en tu frente sí esté siendo útil para evitarte un dolor de cuello al día siguiente. "🎶 ...fuiste tantas cosas a la vez que me cuesta creer que hoy no seas nada... sobre todo porque no es verdad, no consigo olvidar esa mirada que aún me hace estremecer"... 🎶 Pfff. La ironía de la vida es un maldito chiste (in)oportuno -insisto-, y a veces no entiendo el sentido del humor del despiadado destino; porque sí, porque la radio local pretende ser un (des)atinado soundtrack, o una gitana que lee mentes, o simplemente como siempre estoy dándole un sentido a todo lo que me sucede, hasta a una canción aleatoria en un momento aleatorio, con mi extrasensible análisis de las casualidades que atribuyo como causalidades. Pero así es, me parece increíble que en ese tiempo eras un siempre. Mi sensei, mi 'camarada', mi confidente, mi 'compa', mi partner in crime. Me parece inverosímil saber que estuvimos a nada de serlo todo, y no hablo de ingenuas pretenciones románticas, no. Fuiste esa conexión que nunca creí que pudiera existir. Fuiste lo mismo que un día me dijiste a mí: "lo más cercano a la persona que siempre he querido encontrar". Fuiste demasiado irreal para ser real. Fuiste mis tardes de otoño, mis anécdotas de infancia, las tapiocas y las raíces de los árboles, mis miradas más sinceras, mis pasos de baile y mis explosiones de risa cuando no había razones para reír. Y me atrevo a decir que yo también lo era para ti, o al menos eso me hacías creer. Fuiste el amigo que en todos estos años jamás había encontrado, y las canciones que jamás había escuchado. Fuiste sorpresa y fuiste medicina -y te lo dije-. Fuiste mis cartas sobre la mesa. Fuiste, del tiempo pasado del ya no más, pero aún así existes, por lo que me mentiría diciendo que hoy no lo eres, aunque ya no estés, aunque este 'tú' ya no es el "tú" de entonces. Porque una hora antes, parados bajo el farol del SuperQ, no dejabas de ver mis ojos para pedirme después que siguiera viendo los tuyos, y lo hice, sin intimidarme ni parpadear pero sintiendo tanto, como queriendo encontrar a ese amigo que se perdió en algún tiempo y espacio desconocido entre el invierno y hoy, ese al que he extrañado cada uno de esos días.

Al no tener ni idea de a dónde dirigirme, me orillo en el estacionamiento. Sí, precisamente ese que fue nuestro spot sede de helados, sombra, almohadas, escondites y planes sin rumbo. La ironía de la vida es un re-maldito chiste (in)oportuno -me repito-, y la radio que no para de sonar. "🎶 ...fuiste amiga de mis enemigos, todos ellos antiguos amigos, ya sé que no se puede evitar..." 🎶 ¿Enemigos? No, jamás he considerado enemigo a nadie, nunca me he considerado tan importante como para que alguien me dedique su energía en enemistad. Sin embargo, aquí estamos, y ahora entiendo que quienes solían formar parte de mi vida por compartir lazos de sangre, por algún motivo que no comprendo han decidido dar un giro de 180° a su relación conmigo, llenándote la cabeza de mentiras que por tu cercanía a ellos has decidido adoptar como verdad, clara falacia ad verecundiam. Así, sin darme un derecho de réplica, en total falacia ad ignorantiam, como si ni siquiera mereciera un voto de confianza, como si nunca te hubiera contado mis historias, como si nada de lo compartido hubiera valido algo y poniendo así en duda si es que algo de lo vivido ahora puedo considerarlo como real, pues nunca te dí motivos de duda pero ahora solo puedo preguntarme... ¿alguna vez confiaste en mí? Miles de hipótesis se arremolinan en mi cabeza, unas aplastando a las otras, y todas aplastándome a mí. En mi lucha por apaciguar mis emociones he debido hacer pausas, respirar, e intentar ponerle nombre a lo que siento. Pero siento mucho. Siento mucho coraje, mucha impotencia, mucha frustración, por un lado es como si me -¿o nos?- hubieran arrancado una posibilidad, como si me hubieran arrebatado algo muy mío, ¡muy nuestro!, un único hilito del que pendía una pequeña esperanza, y me carcome la cabeza y me perfora el corazón, confirmando a Sabina al afirmar que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Toda boba pensando que tal vez hubiera habido un tal vez... o quizás no, pero no hubo espacio a esa oportunidad de descubrirlo. Aunque veo que quien tomo la decisión también fuiste tú. Y tus motivos tendrías. Y entonces, si tu versión es cierta, igual siento aún más decepción, porque no me enoja que mientan sobre mí - en realidad me interesa poco-, lo que me enoja es que tú lo creyeras. Jamás me ha interesado lo que se diga de mi persona, pero me afecta cuando repercute en la gente que me importa, y tú me importabas, me sigues importando. La maldad no me asombra cuando viene de quien claramente no siente aprecio por mí, lo triste de una traición es que jamás viene de tus 'enemigos'. La decepción solo puede provenir de alguien en quien sí confías (y es mi culpa por crear expectativas ilusorias fundamentadas en... ¡todo lo vivido juntos durante esos meses de compañía! ¿Tan equivocada, estúpid* y ciega estaba?). Lo más cruel de las personas hipócritas y poderosas es que te hacen pensar que puedes confiar en ellos, para después tocar exactamente esos puntos débiles que ellos saben que te hacen vulnerable, y sabiendo perfectamente que tú eras mi punto débil, maquiavélicamente te utilizaron para que tú mismo destruyeras lo que fuera que existiera entre nosotros, bajo falacias ad nauseam que te permitiste asumir. No se acabó mi "rol", sino que anularon mi persona por completo, ellos y tú, y pudiste seguir perfectamente ante eso. "¡Caraj*, ¿sabes?!" Yo ya no sé en qué creer.

En un intento por despertarte, sutilmente te llamo por tu nombre para pedir que me dirijas. Yo, cero prisa, pero sabía que en algunas horas el de las prisas por llegar a tiempo a trabajar serías tú. "Necesitas descansar" -me apresuro a decirte-, "por ello quisiera dejarte con bien en tu casa". "Aquí me quedo", me respondes cortante y algo adormilado, y yo respeto el que al parecer no quieras que sepa en dónde vives ahora. Con mi mano izquierda, que es la que me ha permitido operar al volante, quito el freno, pero vuelves a cerrar los ojos, y mientras sujetas suavemente mi mano derecha que sigue deteniendo tu frente, paradójicamente me indicas: "...hey, chica multitask, es en la siguiente calle"...

Quito las intermitentes y avanzo lentamente para intentar llegar a la ubicación cuya exactitud ignoro. "🎶 ...¡fuiste mucho y fuiste muy poco! Así son las historias de locos, son cortas y anchas con forma de corazón..." 🎶. Volteo a verte y agradezco que estés dormido para que pueda perderme en mi 'nebulosa' de cuestionamientos: "fuiste". ¿Qué fuiste? ¿Qué fuimos? Es más, ¿fuimos? ¿Existió un "nosotros"? ¿Y por qué me lo pregunto si bien sé que en su momento eras tanto? Todos se lo preguntaban, quizás también se lo contestaban, pero tú y yo jamás lo hicimos. No éramos "nada", pero éramos de todo. "Sin etiquetas", aunque cumpliendo "roles" según el horario y el lugar. Pero siempre siendo tú, y siempre siendo yo. Era por demás. Ahora es lo de menos, porque ni siquiera entiendo en qué tiempo conjugar lo que éramos, lo que fuimos, lo que somos, lo que podríamos haber sido, lo que llegamos a ser, lo que ya jamás seremos, lo que -aún sin ser- serás para siempre. Con forma de cerebro más que de otro órgano en sentido figurado. Con muchos colores en mi libreta, con muchas letras, con forma de paletitas, de literatura, de esquites, de jazz, de psicoanálisis, de filosofía. Pero sí, fuimos, contra todo pronóstico, fuimos algo corto, pero ancho, breve y efímero como siempre asumimos, pero profundo. Y si mis nociones estaban equivocadas, tampoco es que alguna vez me corrigieras sobre esto.
Bastante conveniente para tí, supongo, pero no tanto para mí, y es hasta ahora que me doy cuenta de ello.

Llego al cruce de la vialidad donde solo hay un sentido. Dudo. Algo de mi lógica me dice que de frente hay más comercios que casas, así que intuyo tomar hacia atrás. La calle vacía me permite maniobrar en mi muy chafita reversa, y logro encontrar un lugar donde la señalización permite estacionarse. Entonces, despiertas, y en un sobresalto como molesto me preguntas cómo supe en dónde era. No, no lo supe, y esa es la verdad, coincidí en ese espacio, si acaso pues solo le atiné (la ironía de la vida es un recontramaldito chiste (in)oportuno -me sigo repitiendo-), y reaccionas escéptico ante ello. Casi tan escéptico como yo que dudo hasta de si realmente vives ahí. Te recuestas sobre mis piernas, y yo apago el auto, todo tal como solía suceder. Entonces hablamos un buen rato. Reímos. Revivimos fragmentos. Oíste mi catársis. Escuché tus pretextos y sus lamentables fundamentos. Reconstruimos las versiones intentando cuadrar nuestras respectivas nociones sobre qué ha sucedido. Nos asombramos por lo que no alcanzamos a justificar. Intercambiamos información -mas nunca ya nada personal, como recuperar nuestros números ni actualizar nuestros domicilios... bueno, yo sí lo hice, porque nada qué ocultar-. Notoriamente presentí la sutil evasión, evitando a toda costa el reconectar. Pero en total contradicción, sonriendo hablaste de "mis manos frías en tu panza", de la "ausencia de garzas", de que al trapear "realmente no estás tan solo". Yo, que cada vez entiendo menos, solo sé que la demostración más grande de cariño es la permanencia, pues quien realmente te quiere nunca te abandona, y así, a pesar de todo, te reiteré que siempre estaré aquí, y que siempre me alegrará el simple hecho de que existas, aunque no te pueda ver. Nos despedimos, como si equis, como si casual, como si nada especial, como si esto se encontrara diario, como si lo que construimos no ocurriera una sola vez en la vida. Así lo dejamos. Qué desperdicio dejar perder así los momentos que no se repetirán jamás, pero bueno, también qué estrés tener dos horas para dormir antes de entrar al trabajo.

🎶 "Fuiste un trozo de hielo en la escarcha... que no llegó a abril." 🎶 No, ni a abril, ni a marzo, ni siquiera a enero, porque desde ese mismísimo diciembre decidiste que 8-6. Y ya. Unilateralmente. Sin más nada. Y se vale. Y lo respeté. ¿Por qué? Nunca supe. Pero tuve que aprender a vivir con ello también. Aunque crea firme e inútilmente que nuestro libro merecía un mejor cierre que eso, y que esto ahora lo vuelve tan confuso, tan vano... tan irremediable y existencialista como Sartre sentenciando que somos lo que hicimos con lo que hicieron con nosotros. ¿Qué hicieron contigo? ¿Qué hiciste conmigo? No sé, no sé nada. Como decía esa canción que siempre cantabas -y que ahora cobra sentido porque la ironía de la vida sí que es un maldito chiste (in)oportuno-, "no sé quién de los dos será...". No tengo en qué creer. Ni siquiera tengo ganas de hacerlo. Haya sido como sea, hoy solo me queda reconstruir lo que soy a partir de ti. Sabiendo lo que ahora sé, después de observar lo que me dejaste ver, pasando la página como bien lo hiciste tú. Solo eso, y seguir tarareando alguna canción... 🎶 Sayonara 🎶...


Pd. Btw, la melodía que fue soundtrack de la anécdota no esta(ba) precisamente en mi top. Pero como dato cultural, fue escrita por el talentosísimo José María Cano, tremendo productor y compositor español que, como simple referencia ochentera, ahí nada más conformó a Mecano junto con su hermano Nacho. Asumo, pues, que en sus letras entiende bien de estos irónicos asuntos. O al menos mucho mejor de lo que yo lo hago.

*Now playing: "Cuando fuimos nada" - Mi sobrino Memo

domingo, 28 de mayo de 2023

"Ahí, pa' mayo..."

"No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido".
M. Sarmiento

"¡Lo cumplimos!", te digo al percatarme de la fecha. Tú estallas en risas conmigo mientras suelto el volante de mi auto y volteo hacia el asiento de copiloto en donde tantas otras veces habías estado antes. "Wow, lo cumplimos", repites asombrado, y es como si el sentimiento compartido no se hubiera ido nunca. Me regresas la mirada y reacciono como un huracán contenido e inevitablemente desbordado. Absorta en la sincronía del momento. Después de ello, tomas mi mano, vuelvo a sentir mis deditos entrelazados con los tuyos y, bueno, no lo sabes pero vuelvo a quedar desarmada.

Me miras, te miro. Escucho tu voz y me parece tan irreal que estamos aquí.
Sin saberlo, sin planearlo, sin imaginarlo siquiera. Lo cumplimos.

El rush de adrenalina, el subidón de la emoción, el remolino de recuerdos. Todo está ahí, como un déjà vu que nunca dejó de latir, cuando menos para mí, por más intentos que he hecho por sepultarlo.
Hoy fue noche de fiesta, y tú asumiéndome como esa chica brillante que interpreta tus mensajes a medias.
El reloj que no detiene su curso, y yo queriendo ser más franca que cursi.

Porque las cosas no se dicen, se hacen, y jamás me arrepentiré de expresar -y demostrar- lo que siento, porque la vida es muy breve para ser tibios, por congruencia, porque ser honesta me da paz. Porque el que quiere estar, está, más allá de un "aquí estoy". Porque si me borras tan fácilmente de tu vida, me da absolutamente igual que no me tengas en un móvil. Porque cuando hay dudas, no hay dudas, y dices que en su momento dudaste en contactarme. Jamás lo entenderé pero también jamás pedí ni necesité explicaciones ni mucho menos excusas. Ni antes ni ahora. Tú pidiendo que "te odie" (?) y yo esperando que me olvides como todos los demás. Porque como me enseñó Adri: "todos vamos a ser los malos en una historia mal contada". Porque jamás he mentido, porque sé quién soy y pensaba que quizás tú también lo sabrías, aunque veo que lo que nunca supe era qué "rol" jugaba para ti. Pero yo creía en ti, así como ahora más que nunca creo en el aforismo de Heráclito afirmando que -evidentemente- nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Y sí, "soy muy valiente" porque es lo que hay. Escúchalos, eres bueno haciéndolo, y es más, cree en lo que decidas creer. Señales, intuición, coincidencias, casualidades, rumores, sus palabras, o mis ojos.
Ya qué más da. Porque igual yo elijo pensar que éramos mejor que eso.

Puede ser que no signifique nada. Puede ser que nunca más vuelva a pasar.
Pero nada cambiará el que esta historia haya sido una serendipia, incluso hasta el habernos encontrado hoy.


*Now playing: "...porque ¿sabes? y si no lo sabes, no importa... hoy ten miedo de mayo..." 🎶

miércoles, 3 de mayo de 2023

Olvídame tú -si no lo has hecho ya-

"A woman's heart is a deep ocean of secrets"
Rose Dewitt Bukater

Hoy en una conversación random salió su nombre.
Lo había estado evitando. He guardado esa historia exclusivamente para mí.
Pero hoy alguien mencionó su nombre. Inesperadamente. En mi oficina. De lo más casual. De lo más equis.
Su nombre y una anécdota chiquita.

Mis ojos -según me dijo- "brillaron" al escucharla.
Qué oso, siempre tan ridícula. Aunque no me disculpo, ni busco justificarme.

Porque él me tocó el alma antes que la piel.
Y díganme, ¿cómo se olvidan de eso?


*Now playing: "Someday we'll know" - New Radicals.