lunes, 19 de septiembre de 2022

Temblor

¿Y si esta noche te escribiera una carta?
Así, sin pretensiones, solo por el hecho de que es tanto lo que albergo en mi corazón que en este mismo instante bien podría reventar, y cada pedacito se volvería un confetti de emociones multicolor, las cuales indudablemente han sido provocadas mayormente por ti.

Si esa explosión sucediera, estoy segura de que igual cada pedacito te diría lo que engloba mi alma completa, que es que ya te quiero, con un cariño muy bonito, y mucho más real de lo que los estándares absurdos indican si nos regimos por tiempos, circunstancias, y otros inventos que limitan la libertad del espíritu, pero que también nos permiten regir nuestros impulsos, controlar los instintos, mediar los sentimientos (como si los sentimientos fueran mesurables bajo códigos cuantitativos); pero son tantas las interrogantes en mi cabeza, que por supuesto es quien me da la única noción de cordura entendiendo lecciones después de tantas batallas perdidas, pero que me dicta que la ilusión son sueños sin terminar y a la vez son preguntas sin contestar.

Las dudas aparecen como una constante gotita de agua sobre la misma superficie hasta lograr perforarla, y así mi mente revolucionada ante tanta eventualidad bonita solo piensa para confundirme más, o más bien para pedirme, suplicarme, que me detenga, que ya no siga con esto porque puede tener consecuencias tristes, es como si esta película ya la hubiera visto, y a la vez no, porque el protagonista ahora es demasiado fantástico y demasiado humano, demasiado sublime y demasiado decidido, demasiado real e irreal a la vez...

Las dudas no surgen únicamente bajo el limitante del ¿y si...?, sino que me llevan a un contundente ¿cómo?, y un lapidario ¿por qué?. Inevitablemente vuelvo a aquella autobiografía en la que cada vez estoy más convencida de que todo en mí es un mundo perfecto pero en un espacio y tiempo terrible y totalmente equivocados. Me lamento y me duele tanto encontrar algo añorable, algo amable (en todo sentido, no solo de amabilidad sino del potencial que tiene para ser amado en su totalidad), sentir que por fin hay un refugio en un mundo vil, amargado, frívolo, complejo, superficial y egoísta, sentir que cada risa me hace latir el corazón, que cada acto noble y valiente es cuestionar si acaso hay algo que no haga bien, que es tan sorprendente la forma en que apareció en un aquí y ahora tan preciso, y aceptar la paradójica realidad de comprender todo lo que podríamos ser tú y yo... si tan solo no fuéramos tú y yo.

¿Cómo explicarte lo mucho que te quiero en mi vida? ASí nada más, sin intensidades preocupantes, solamente por el privilegio de contar con alguien tan único, con su plática, su inteligencia, su nobleza, su alegría, sus ocurrencias, su mirada tan honesta... ¿Cómo hacerte entender cuánto te había estado necesitando? ¿Con qué palabras expresar el sentimiento de alegría que devolviste en un momento demasiado obscuro en mí? Asombro, aprendizaje, pensamientos, chistes, canciones, alimento (físico y espiritual), cada detalle, cada letra, cada minuto, el valor de ser quienes somos como si nada más fuera relevante, como aventándonos a un acantilado visiblemente peligroso pero pretendiendo encontrar señales de que la estrepitosa caída no dejará lesiones...Oye, ¿y qué tal si estuviera exagerando? ¿Qué tal si mi sonrisa nubla los hechos y me impide ver lo que simplemente no está tan adornado?

¿Por qué? Una vez más la vida me enseña que sí, que sí existe lo que anhelo con cada suspiro de mi espíritu, pero que yo no soy lo adecuado para ello. Llego tarde, llego tarde como siempre, y bajo mis ilusorios pensamientos sobre la ausencia de temor, el equivocarme (como lo hacen ¡los mismísimos dioses griegos!) me hace coincidir como un planeta que chocara contra otro, donde mi optimismo me hace pensar que de esa caótica colisión también es posible obtener estrellas... ¿Acaso podré un día dejar de decorar mi realidad con poesía que suavice lo duro de afrontar que tengo justo frente a mí lo que tanto he deseado y que dolorosamente sé que no podré tener?

Pero el afecto es así, como dos líneas paralelas destinadas a estar distantemente juntas hasta el infinito, pero sin tocarse jamás.
Hoy solo sé que tembló en mi país, mismo temblor que se sintió hasta el último sentimiento que habita en mí, y esta noche dormiré arrullada por mi nueva canción favorita, esa que no encontraré mañana en ninguna playlist de Spotify, pero que se ha quedado para siempre sonando en mi alma y dibujada en mi cuaderno.

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