viernes, 16 de septiembre de 2022

Tardes en Mi Menor

La conmemoración de la Independencia.
La fortuna de encontrarte con alguien que cumple su palabra, porque realmente sientes que quiere cumplirla, por más simbólico que pareciera el trato pactado.
Una invitación imposible de rechazar, porque quizás la habías estado esperando desde siempre.
Un plan de no hacer nada e ir sin rumbo. Momentos que se congelan como si realmente no hubiera absolutamente nadie a nuestro alrededor.
Una melódica voz llena de espíritu y de esa alegría que ya no se encuentra; unos repentinos y asombrosos pasos de baile en una pista que no quieres que terminen jamás para seguir levitando en esas risas tan puras e indescriptibles.
Un parque sin garzas. Una profunda serie de confesiones sobre nuestras historias pasadas. El probable psicoanálisis de personalidad y a la vez la introspección de solo escuchar con el corazón.
Dedo uno, cuerda dos, y una guitarra para las letras de una canción bellísima, que te llega a lo más profundo de una tímida lagrimita emocionada.

Una anécdota revelada de algo que pudo ser y no fue. La penita ante lo hecho a pesar del nulo arrepentimiento, y la tranquilidad de una mirada serena e incrédula, que te hace pensar que tal vez no hubiera sido tan grave el factor sorpresa.

La noche que cae, el tiempo que nos limita, los días llenos de eso que aún no comprendo porqué me hace tan feliz, pero que evidentemente quiero seguir retribuyendo. Las incógnitas. La inspiración que ha vuelto después de años de haberla perdido. Lass ganas de compartir.
La calidez de un alma buena.

El presente.

El eterno agradecimiento por vivir algo que, pase lo que pase, jamás en lo que me reste de vida podré olvidar, porque ni siquiera pretendo hacerlo.

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