Voy a contar una historia real:
Mi nombre es Daniella, así con doble ele. Llevo TODA mi vida batallando contra el status quo de que en el imaginario colectivo "todas las Danielas" se escriben con una ele. Y sí, ha sido algo latoso, más que nada por trámites y documentos. Una letra ha generado caos y confusión por años, porque "pues tu nombre está rarito".
Ahora, parte de la historia es el porqué de mi nombre. Resulta que mis papis decidieron llamarme Danielle, porque francés y pues oh lalá, trés bien, mon cherie. El tema fue que su pronunciación es "Daniel", así nomás. Y pues soy niña. Y pues México. Y pues cómo lo va a entender la gente. Y pobrecilla, la van a bullear forever. Y mis amados y considerados padres adecuaron SU decisión en MI nombre (que está bien bonis, btw), para que poniéndole una "a" al final, los OTROS no se fueran a confundir entre lo que se lee y lo evidentemente niña, fémina, mujer, XX y no XY que soy desde que nací.
Así las cosas, igual nadie me llama por mi nombre. Soy Danny, hipocorístico que va idéntico tanto en femenino como en masculino. Qué simpático, ¿no? Lo mejor: si alguien que no me conociera llegara a pensar que esa persona "Danny" que soy hiciera referencia a un varón, no es como que me ofendiera, porque ser hombre (o mujer, o palmera) no tendría nada de ofensivo, simplemente sería un error semántico y listo. Error que por supuesto, no me definiría ni me haría dudar de quién soy.
Claro, esa soy yo, simplemente opinando que la inclusión va muchísimo más allá de las palabras. El lenguaje existe porque es un SISTEMA DE CÓDIGOS. Pero no tiene nada que ver con el respeto y la dignidad que como humanos nos debemos todos.
Creo que cada quién es muy libre de sentirse a gusto y feliz siendo quien realmente es, con los gustos y preferencias que tenga, eligiendo lo que más satisfaga a su persona. Tristemente vivimos en un mundo lleno de hate que no sabe respetar que a los otros no les agrade lo "normal", ¿qué es normal, para empezar? Tiramos hate si la piel es de tal o cual tono (como si la cantidad de melanina la decidiéramos nosotros), si se es gordo, flaco, rico, pobre, vegan, "chairo", "fifí", hombre, mujer, si se es, si no se es... Vaya, tiramos hate a todo aquello que no entendemos. Y por eso lo etiquetamos.
Pero en ese remolino nos hemos vuelto una sociedad HIPER sensible, y a veces rayamos en absurdos sin sentido escudados ridículamente en la forma y no en el fondo del asunto. Todos somos seres humanos, todos estamos hechos de lo mismo, todos tenemos anhelos, pasiones, preferencias, necesidades, deseos, elecciones. Y si alguien decide sentirse hombre, mujer, o ambos, o ninguno, está padrísimo. Se vale, why not? Si eso lo llena, si eso lo hace sentirse pleno, adelante, creo que yo no soy nadie para juzgar o criticar, vaya, ni siquiera para "aceptar" porque no es como que necesite mi opinión para ser quien es. En un mundo donde falta justamente eso, empatía, a mí sí me da mucho gusto y me llena el corazón de amor y alegría el que cada quien ame a quien decida amar y se sienta quien elija ser.
Sin embargo, no se puede negar que, como mencioné al inicio de mi muy irrelevante post, existen sistemas de códigos lingüísticos innegables, y por más crudos que parezcan han existido y subsistido porque eso nos ha permitido la comprensión de nuestro mundo. Una persona ciega es alguien que carece del sentido de la vista. Punto. Pero es preferible llamarle "débil visual", "invidente", etcétera, precisamente para no caer en el tema de "ofender sensibilidades"... cuando la realidad es que creo que ofendería menos si se publicaran más libros en sistema braille.
Si queremos hablar de una verdadera inclusión, repito, no deberíamos darle tanto peso a la forma sino al fondo.
El ser "políticamente correctos" solo encubre los verdaderos problemas sociales bajo una falsa noción de tolerancia, que no es lo mismo a una real integración, aceptación e inclusividad del otro ser.
Mis alumnos se sorprenden cuando los saludo utilizando el LSM, cuando lo sorprendente es que en un país donde el 12% de su población (7,7 millones de personas) padece algún tipo de deficiencia auditiva ello no sea tomado en cuenta, existiendo solo 40 intérpretes certificados en Lengua de Señas. En un país donde más de 15 millones de personas hablan alguna lengua indígena, solo utilizamos (sí, qué fuerte) a nuestros artesanos para la foto como souvenir, pero no exhortamos a que se incluya el maya o el otomí como materias en nuestra formación curricular. En un país molesto por esas escasas 4 medallas Olímpicas, veo cero emoción por las 5 (y contando) que ya se obtuvieron en los Paralímpicos (2 de oro, btw).
Incluir no es cambiar la gramática, sino cambiar nuestras actitudes. Si bien Jakobson estipuló en sus teorías las funciones del lenguaje, bajo este contexto se entiende que las diferencias intrínsecas no las marcan los "pronombres", sino nuestro trato hacia los demás. Pueden entonces criticar mi postura, siéntanse libres de hacerlo. Al final del día yo no soy la RAE, pero sí entiendo porqué se dice que somos "serES", así como creo que la inclusión implica incluir, comprender, respetar, integrar. Además, cuando estás completamente seguro de lo que eres o sientes que eres, no necesitas que venga todo mundo a legitimarlo.
Explicado de una manera muy elemental, en el idioma Español el plural masculino incluye a ambos géneros gramaticales, así que al dirigirse al público no es necesario -ni correcto- decir "mexicanos y mexicanas". Hacer una distincion entre ambos géneros es solo correcto cuando el masculino y el femenino son dos palabras completamente diferentes, como "hombres" y "mujeres", o "toros" y vacas"; pero hay quienes llevan muy lejos este error lingüístico, sin entender que en el Español existen los principios activos como derivados verbales. Por ejemplo, el participio activo del verbo "atacar" es "atacante", así como el del verbo "existir", que es "existente". Así, el participio activo de l verbo "ser" es "ente", es decir, "el que es", el que tiene entidad. Por esta razón cuando nombramos a la persona que tiene la capacidad de ejercer la acción que ejerce, al verbo se le agrega la terminación "ente", independientemente de su género, y entonces tenemos que del verbo "cantar" se dice "cantante", y no "cantanta", ni "estudianta", ni "adolescenta". Independientemente del género, un médico dirá "paciente", no "pacienta". Así, todo eso de "amigue", "les seres humanes", y etcéteras, no son lenguaje inclusivo, sino falta de cultura.
Inaceptable es el uso de cualquier adjetivo calificativo grosero, denigrante o despectivo. Por lo demás, si van a andar jugando a hacerle al "progre", habrían de empezar por distinguir que la inclusión, el respeto, la empatía y el amor al prójimo van muchísimo más allá de cómo pretendan manipular preceptos alterando el -correcto y normativo- uso lingüístico de las vocales en la derivación de palabras acorde a género gramatical, porque pienso que en estos momentos Saussure debe estar abrazando su teoría del Triángulo Semántico mientras se revuelca de risa en su tumba.
Sintaxis, empatía y dos pesos de criterio, bebés, that's all.
"Por un idioma sin idiomo"
(Autor: Roberto Santamaría-Betancourt, un genio)
Si no tiene "dío" el día,
y el trigo no tiene "triga",
ni existen las "gobernantas",
tampoco las "estudiantas",
ni "hormigo" entre las hormigas.
Aunque lo intenten, comprar
con millones y "millonas"
un trono no tiene "trona"
ni "jaguara" has de llamar
a la hembra del jaguar,
y aunque el loro tenga Lora,
y tenga una flor la flora
mi lógica no se aplaca:
no tienen "vacos" las vacas
ni los toros tienen "toras".
Aunque las libras existan
con los libros no emparejan,
y tampoco se cotejan
suelos, que de suelas distan,
por mucho o "mucha" que insistan
mi mano no tiene "mana",
no tiene "rano" la rana
y foco no va con foca,
ni utilizando por boca
al masculino de Ana.