martes, 17 de junio de 2008

Pensando en Gael, con todo mi corazón

Nunca he platicado de mis amigas, creo.
Ahora es momento de hablar de una de ellas.

La conocí en la primaria. Recuerdo que cantábamos canciones de Flans y hacíamos ridiculeces de ese tipo, por que yo soy muy simplona y ella es muy risueña. Además, resultó que vivía a dos calles de mi casa, así que los trabajos en equipo propiciaban horas y horas de diversión sin preocupaciones del tipo "ya me tengo que ir a mi casa". Pasamos a secundaria, y era la época de los New Kids on the Block, Ace of Base, Laura Pausini, Kabah, Scatman, y demás rolas horrorosas del tipo La morena o El tiburón hasta terminar con Control Machete, y de todas caímos víctimas de nuestro frenético gusto por el baile y las tardeadas en La Boom: Saturday Night diririrabi dadadam ... Era la época en la que hacíamos fiestas en las albercas de las amigas, teníamos nuestros primeros novios y nos divertíamos organizando pijamadas en su casa, jeje.

Sus quince años fueron la onda, porque nos lanzamos al Coco Bongo y nos divertimos como loquitas aunque claro, de todos los que íbamos sólo entramos la mitad (todos unos chamiquitos y chamaquitas bateadas). Me acuerdo que su máximo era Piolín y ese día recibió miles de tarjetas del dichoso parajillo ese. Eran tiempos buenos, nos quedábamos días enteros dormidotas en su recámara con el aire acondicionado refrescando delicioso y viendo Mtv todo el día, mientras su mamá nos preparaba sandwiches increíbles y su papá compraba botes enormes de helado napolitano.

Pasamos a la prepa, y fue aún mejor porque le regalaron su primer coche: un chevy color turquesa que era todo un campo de batalla. Apuntes, maquillaje, cassettes de Luis Miguel, zapatos, botellas de agua, todo regado por todos lados. Y claro, era el coche de la comunidad, porque todas íbamos y regresábamos juntas en él para todos lados. Me acuerdo que siempre le hacía el paro con las tareas de Inglés, y que cuando salíamos de noche (hasta la fecha) no dejaba que nadie, ni ella misma, maquillara su rostro, eso sólo lo podía hacer yo. Es más, hasta los peinados era mi exclusiva. Fiestas, graduaciones, o simples salidas a bailar, eran hoooras previas en su habitación decidiendo qué ponernos o cómo maquillarnos.

Al entrar a la Universidad, fue la mejor de las épocas. Trabajos impresionantes, Tareas eternas, jarras monumentales, novios más o menos formalones, citas divertidísimas, impuntualidades, viajes... Una vez, hicimos 6 minutos de su casa a la Universidad (cabe destacar que la Universidad está en la salida hacia la carretera), y cuando nos quisieron multar nos inventamos una historia buenísima que conmovió al policía y hasta nos escoltó, todo por llegar a tiempo a un examen... Otra memorable fue aquella en la que viajamos a Valladolid y bebimos de una manera olímpica, por supuesto, olvidamos que a la hora de dormir no habrían camas sino hamacas y aquello fue un show versus la ley de la gravedad, en el que acabamos cantando cual Thalía en Quinceañera... Nuestras salidas nocturnas ya eran más formales, en el sentido de que no pedíamos barra libre de estudiante sino que ya teníamos mesa con botella, y nuestras salidas con el novio no eran solo al cine sino que incluían restaurantes fancy y demás tonteras que van llegando con la edad, jeje, eso sí, siempre simplonas y risueñas como nos conocimos en primaria.

Intocable y las botellas de Boones en mi casa cuando se peleaba con su novio, noches enteras bailando en Cantabar y demás antros, fiestas memorables, anécdotas que no terminaría de platicar. Una vida entera con ella.

En diciembre del 2006 me puse un vestido rosa con el que parecía bombón de pastelería vienesa, pero no me importaba, porque ese modelito había sido su elección para las damas de su boda. Un momento super emotivo... pero no más que el día que nos citó a la Flaca y a mí para contarnos que estábamos a punto de ser tías.

Me chocan los baby showers pero, otra vez, no me importó porque era el de ella. Recuerdo que la Flaca y yo llegamos a casa de Betzy y la vimos ahí con su pancita en un vestido azul, a menos de un mes de reventar.

Así, un 23 de junio del 2007 nace Gael, un bebé super querido por su orgullosa mamá y claro, por las tías postizas.

Hace no mucho lo ví, cosa de un mes más o menos. Lili y Gael pasaban por mi casa y decidieron visitar. Gael me presumía sus dos dientecitos y su enorme sonrisa al ver a su mamá. Fue genial verlos porque si Lili es risueña, Gael la superó. Eso sí, para Gael todo era "no", pues movía su cabecita de un lado a otro cada vez que se le preguntaba algo: "Y tú papá está en la casa?" No. "Vas a ver a tus abuelos?" No. "Tienes hambre?" No. "Esos dos dientitos son tuyos?" No. Sin embargo, habían aplausos. Mientras negaba a todo con la cabeza, aplaudía con sus dos micro manitas. Lo veía y era idéntico a Lili, bueno, más bien a su hermano mayor. Y sus ojitos, enormes. Nos despedimos y quedamos de llamarnos.

Ayer recibí su llamada. Eran las 6 y media de la mañana y Lili lloraba de una forma desgarradora, ni siquiera podía entender lo que decía, pero al hilar las dos o tres frases que alcanzó a medio decir, entendí lo que INESPERADAMENTE sucedió, y que aún no he logrado comprender. Corro a alcanzarla en donde me citó y no puedo creer lo que ven mis ojos... Y tengo un dolor en el alma por ver a mi amiga así, por la impotencia, por no poder ayudarle en nada, porque va a llevar este dolor con ella siempre, por tantas y tantas cosas...

Porque Gael cumpliría un año el próximo lunes y un virus, un estúpido virus acabó en menos de cuatro días con su vida, y ahora su mínimo cuerpecito estaba dentro de un ataúd blanco.

No quiero seguir escribiendo de esto. No hay palabras.


Lili, te quiero amiga, te quiero muchísimo. Estoy contigo, con Darío, con toda tu familia que es como la mía. Ahora lloramos, pero verás que aprenderemos a vivir con este dolor, y cada noche verás que hay una nueva estrellita en el firmamento velando por tí...