viernes, 31 de agosto de 2007

La noche en que me convertí al Ponchismo

Alabado sea nuestro señor!
El mismo que de las alturas bajó (al nivel del mar), para ser el redentor de nuestras ateas, budistas y taoístas almas en desgracia, viciosas de vegetales y perdidas en las tinieblas del mal!

Existe! Yo lo ví! Aleluya, aleluya!

¿El yin y el yang? Oh pecadora, viví en el error.

La doctrina que ahora predico basa nuestras creencias en que nuestro salvador regresará, y traerá con él la verdad escrita (esperemos no la pierda), el pan (o al menos el royal) y la Gloria (en barra, sin sal).

Y si nuestro único sacrifico debe ser el cincuentezmo, qué diablos, mientras vivamos con la promesa eterna de que algún día hemos de ver la luz (del horno, con un pastel de elote en él).

Jejeje, qué mensa no?
Saluditos Sporch!

2 comentarios:

Unknown dijo...

HAHAHAHAHAHA

ah... que ingrato fue el destino.
Sucia jugarreta la que nos jugó.

Y quiero suponer que la mezcla se quedó en el refri hasta que nueva vida apareció dentro de ella?

D dijo...

Hmm, pues hubiera sido el milagro de la resurrección, no?

Pero no, sé de buena fuente que el pastel fue todo un éxito...