Así era ella. Caótica y volátil, como un tren a toda velocidad que no puedes dejar de ver. Ese minúsculo ser que a veces se desdibujaba por su balcón en las noches de Luna llena, hoy se encontraba en la barra de algún bar nuevo para ella, rodeada de almas casi tan despreciables como la de suya. “Al menos el alcohol es barato”, pensaba, mientras la rocola hacía sonar a Lou Reed. Sometimes I wonder who am I, the world seeming to pass me by...
“Who am I? A quién coño le podría interesar quién soy…” -pensó mientras sonreía-“…a ratos ni siquiera me interesa a mí, muy aburrida toda esa mierda”.
Y es que su existencia -según justificaba muy a lo Neil Young- sólo era posible para que nada fuera perfecto en las perfectas obras de Dios, de ese dios que no le había explicado que su vida era otra. Pero ella lo descubrió y por eso no le importaban las condenas que le adjudicaran.
El joven cantinero la contemplada sumergida en su propio mundo, hasta que la escuchó decir:
- Un whiskey… que sean dos, mejor.
Mientras bebía lentamente, como disfrutando la textura del escocés, recordaba que hacía algún tiempo le gustaba recordar. “Lou, cabrón, lo has hecho de nuevo…”. Ella había crecido en el mismo lugar de siempre, rodeada de frívolos entes que según las modas inflaban sus cuerpecitos de acuerdo al gramaje del silicón, o iban desapareciendo mediante el bajo truco de introducir algún objeto en su garganta para vaciar el estómago ya repleto de Diet Coke. Un objeto fino, por supuesto, una pluma Mont Blanc a lo menos.
Pero ella probó otras formas de automutilarse. Superados los toques, las líneas o los arponazos, prefirió lo peor, y lo peor era no hacer nada: suficiente con vivir el circo que a diario vivía. Quizás de adolescente sus ímpetus juveniles le dictaban ser una hippie comeflores, o una anárquica y triste punk, para que de adulta aparentara estar adaptada al sistema, cosa que desquitaba escribiendo compulsivamente, de esas letras invisibles, escribiendo en el aire y cantando a cada momento. Y vaya que tenía sus momentos. Sus crisis de identidad se proyectaban al deprimirse teniendo siempre algo de chocolate a la mano. Pero hoy no era así, no estaba deprimida, simplemente hoy no estaba. Y por eso bebía.
La rocola guardó silencio para dar paso a la banda del lugar. Ella prestó atención, no mucha, sólo la necesaria para levantar el segundo vaso.
“Increíble, un lugar de mala muerte al que sigue llegando clientela… no sé qué me sorprende, si todos buscamos seguir en la misma miseria en la que la monotonía nos ahoga, es un sitio seguro creo…”
Noventa minutos más tarde, y algunas rondas de whiskey después, se percató de lo cansada que estaba de sentir culpa por todas esas circunstancias de las que no tenía el control. Sólo quería ser normal, aunque ya le habían dicho que no lo era.
Así lo conoció. Una noche como cualquier otra en esta inmunda ciudad.
-Eh, preciosa, ¿me regalas un tabaco?
Al instante, sin siquiera voltear a verlo, le ofrece al tipo corpulento y malhumorado lo que pedía. Se limita a extender la mano, mientras que el tipo aceptó no muy convencido.
-Vaya, mentolados… En realidad nunca he fumado esta marca, pero dado que he perdido los míos, te agradezco…
Ella, aún sin mirarlo de frente, se decía “aquí vamos otra vez, ‘preciosa’? Preciosa tu madre… idiota, ¿crees que me importa algo la marca que te fumes?”… y a pesar de su pensamiento, por alguna extraña razón, sí le importó.
-Pues si lo quieres, es tuyo
-Y te he dicho que lo agradezco…
De reojo, volteó a verlo. No hubo esa chispa que según los cuentos debe existir al momento de cruzarse con alguien especial en el camino. Sólo lo supieron, y eso hizo a las circunstancias más humanas.
-…Yo te he visto antes aquí, cierto?
-Eres simpático. Ahora me saldrás con el cuento que aplicas noche a noche con cada mujer que encuentras atractiva…
-Para nada. Yo no he dicho que te encuentre atractiva, simplemente sé que te he visto y me caga no recordar en dónde.
Respuesta que le valió una sonrisa, la primera de la noche.
-Honestidad. Mira dónde la he venido a encontrar. Ya carajo, siéntate y veamos si es verdad que me conoces.
-Te advierto que si me siento no es por querer comprobarte nada
-Te recuerdo que siempre tengo la opción de largarme de tu inusitada compañía
-De acuerdo, debes largarte entonces mujer, porque en realidad te he mentido…
-Lo sé tonto, jamás en tu vida me has visto
-No en eso tonta… en realidad sí he fumado mentolados alguna vez…
En blanco. Ella, que siempre tenía una respuesta para todo, se quedó en blanco, y el interés que él le había despertado se incrementó poco a poco. Por su mirar, por su manera de hablar, por lo que fuera. De alguna manera se inició una charla, de esas que no llevan a nada, bla bla bla, etcétera etcétera, y aún así no podían dejar de escucharse. Era lo más absurdo que podía haber pasado.
Él era músico, formaba parte de la banda que minutos antes había terminado su turno por esta noche. Era un sujeto de mirada intensa, del tipo difícil de describir, bien podía disimular su edad, parecía un niño que cargaba consigo todos los años del mundo.
La música, al parecer, era el detonante que hacía nacer los temas de conversación. Y por consecuencia, tocaron hilos muy delgados.
-Con que ‘preciosa’, eh
-Sí, preciosa
-No te parece que es la manera más barata de acercarte a alguien? Digo, por lo que hemos platicado, veo que se pudo esperar algo mejor de ti, y no trucos tan usados
-Al menos tienes expectativas altas
-No tanto, más bien me sorprende que siendo tan franco hayas iniciado este encuentro con un viejo cliché. Los clichés fallan
-No veo en qué falló. Cuando un cliché es tomado por cierto deja de ser cliché. Y tú rompiste el paradigma. Ni siquiera veo porqué insistes en eso. No entiendo cuál es tu problema si me pareces preciosa o no.
-El problema, verás, es que de ser cierto sería un asco. Yo no pretendo ser preciosa. Me tiene sin cuidado. De hecho, me alegra ser fea. Porque si fuera más bella seguramente sería más tonta. Y me agrada ser así, porque si bien es cierto que nadie se te acerca, también es verdad que quienes se acercan a ti no están interesados en tu cuerpo. Buscan algo más interesante, algo más profundo, algo más convincente.
-Mi concepto de belleza entonces está distorsionado. Mírate, te ha bastado un toque carmín en los labios y nada más
-Y qué caso tendría tratar de disimular? La verdad no me escondo detrás de kilos de maquillaje, después de todo me vería igual, pero de colores…
Él rió, mientras negaba con la cabeza.
-Si quieres saber, te diré que alguna vez fui más bonita. Incluso tuve novio. Pero todos los que me han tocado o están desesperadamente solos, o son unos hijos de puta.
Era cierto. Había sido ingenua y enamoradiza, le gustaba creer. Pero eso pasó, y superó muy pronto la etapa en la que su alma escapaba de la prisión que le detenía para cabalgar en algún unicornio hasta valles lejanos: la princesa ya no esperaba ser salvada por el príncipe de larga cabellera que esgrimía una guitarra Fender.
-Por eso el escepticismo.
-No es escepticismo. Es que ya no me es divertido el juego de saberlo todo.
-No puedes saberlo todo
-Eso es lo que dicen. Pero sé todo lo que necesito saber, y por eso sé lo que pasa si te la crees.
-Observa esto. Ese vaso tuyo está vacío y yo ya no tengo cerveza que beber. Yo me encargo de la siguiente ronda, y tú, mientras, presúmeme tu maldad.
-Maldad? No sabes nada. Vamos, ni siquiera me conoces. Podría ser una psicópata asesina, o una suicida no confesa, lo habías pensado? Lo que sucede es que eres sarcástico y buscas algo que te asombre, no sé, en mí no lo vas a encontrar. Te crees difícil de impresionar. Y eso a mí me da mucha flojera eh? Además, si piensas que tengo problemas para hablar de ello estás mal… Dónde está el maldito alcohol que has dicho?
Con una leve sonrisa, él se levantó para dirigirse al cantinero que, evidentemente, se había alejado del rincón de la barra en el que ambos se encontraban. “Una psicópata asesina”… mientras caminaba, sólo podía pensar en que ojalá fuera cierto, para que acabara con su nefasta vida de una buena vez. Aunque por otra parte, esperaba que esa mujer le tuviera clemencia, porque después de esa noche, veía que tal vez su vida podría no ser tan nefasta.
-El mundo es una mierda después de todo, supongo. Pero no espero que eso te convierta en una mujer amargada y solitaria.
-No lo podría saber. Quizás sea que…
-Quizás ni madres. Ahora resulta que te refugias de los miedos que ya has superado? Por favor! Tú has aceptado lo que has vivido, cierto?
-Sé reconocer lo que ha sido mi culpa, claro
-Y no es acaso la cura para la soledad el estar con alguien?
-Puede ser, sí, pero el antídoto sólo funciona si es alguien con quien verdaderamente quieres estar.
Entonces le contó esa historia obscura, ese tipo de cosas que a nadie le importan, y que quizás a causa del whiskey pudo narrar con bastante sensatez. Después de todo hacían años desde entonces, y ya había lidiado con ello lo suficiente como para poder manejarlo. Lo dicho, sabía reconocer sus culpas, y de esa ocasión sin duda había sido culpable. Al recordar quizás temblaba un poco, pero recurría a la misma estrategia que utilizó entonces: desaparecer. Relatar lo sucedido de la forma en que lo vivió, es decir, suponiendo que no estaba ahí, esa noche, en ese lugar, con esa gente. Suponiendo que no había sido cierto. Porque no se suponía que debía ser de esa forma, aunque ya no pensaba en eso. Casi no le había dolido, pues entrenó bien a su mente en el arte de hacer trucos para armonizar el escenario que se presentara ante sus ojos.
-Qué importa. Hace ya un tiempo mi cuerpo y yo nos separamos. Por fortuna lo hicimos en paz.
Él no pudo más que tomar la pequeña mano que tenía a menos de 5 centímetros de la suya. Los Stones aparecían en segundo plano con su Streets of love. Ella sabía que era un momento que nunca iba a olvidar, y cantaba. And I, I, I, I, I, I, I walked the streets of love, and they are full of fears... Sus grandes ojos color caoba dirigían la mirada a esa bebida que llevaba horas sin poder terminar.
-El pasado ya pasó, lo sabes, verdad?
-Mierda, lo sé, y no soy del tipo de damiselas sufridas que buscan el cuidado de un caballero con armadura radiante, nunca lo fui y nunca lo seré. No lo necesité entonces, mucho menos ahora, y si te he contado esto es porque insistías en encontrar algo en mí. No sé en qué momento llegamos a ello, pero obvio que esto no es lo que esperabas, o al menos no es algo que hayas necesitado saber
-En realidad no esperaba nada, y te encontré mucho antes de que empezaras a hablar. Sí crees que con eso me vas a detener…
-Es sólo que preguntas demasiado
-Debe ser que soy muy necio
Hubo un breve silencio, en el que las manos se soltaron, y el hábil músico descubrió que la apiñonada piel de esas piernas que el vestido dejaba ver era verdaderamente acariciable. Así que decidió comprobarlo colocando su mano certeramente en la exquisita rodilla, tal vez un poco más arriba que eso… Ella, sonrió, claro está.
-Más bien el cuento del artista, me imagino, te habrá sido muy útil- le dijo mientras dejaba escapar la última bocanada del cigarro ya consumido. Lo que no le dijo es que realmente, para ella, con su guitarra había tejido los bordes del Universo.
-Tu nombre. Necesito saberlo
-No, creo que no lo necesitas, es más, cómo si de verdad te interesara saberlo… puede ser que no nos veamos nunca más, y entonces nada de esto habrá sucedido, así que no busquemos tanta información…
Tenía razón, lo único que a él le importaba era que ella ahora estaba ahí. Y justo entonces, como un agudo flashback, le vino a la mente esa frase que habrá leído en algún libro de Pérez Reverte: tal vez ese era el problema, ella era demasiado joven para representar una amenaza... o quizás ahí radicaba el peligro.
Mientras su mirada se perdía en cómo se consumía el tabaco en el cenicero, continuó: -… los que no tienen dudas no tienen nada claro. Yo no me llevo bien con lo incierto, pero hay ocasiones en las que es necesario dejarse llevar por lo desconocido.
-Qué es lo quieres?
Ella sonrió, y no dudo ni un instante en responder. Era cómo si llevara toda una vida aguardando por dar la respuesta:
-Quiero conocerlo todo, hacerlo todo, descubrir desde las calles de Filadelfia hasta el lado obscuro de la Luna, recorrer una escalera al cielo y caminar por el lado salvaje, bajar por la carretera al infierno, volar a la ciudad de la furia y llegar al boulevard de los sueños rotos. Pero no hoy. Hoy sólo quiero tenerte a ti.
Ahí fue cuando él se dio cuenta de todo. Lo que sucedía era confuso, sí, y quizás hasta nuevo para él, pero ante sus ojos súbitamente vio todo con tal claridad, que no podía dejar de estar ahí, a su lado. Mientras, procedente de la deteriorada rocola, la voz de Jim Morrison encendía el ambiente.
If they say I never loved you
you know they are a liar...
Después de beber la cerveza que tenía en la mano, él consiguió entonar:
...never saw a woman
so alone, so alone...
Ambos rieron.
...Mr. Mojo Risin', Mr. Mojo Risin'
Mojo Risin', gotta Mojo Risin'
Mr. Mojo Risin', gotta keep on risin'
Risin', risin'...
Ella, sentada como estaba, junto a él, se sintió observada hasta lo más íntimo, y esa mirada fue suficiente, una mirada con un dejo de ternura aunada a una lasciva sonrisa:
-Creo que tendré que llevar a mi mujercita la cama -le dijo sin dejar de verla a los ojos.
Ella cerró los ojos. Ese delicioso comentario puso a volar su mente: tu mujercita, sí, tuya y de nadie más, desde siempre y hasta el fin, esta noche soy tuya, haz de mí lo que te venga en gana. Tuya hasta los huesos, hasta que mi sangre se evapore y se consuma cada una de mis células para fusionarse con las tuyas. Tu mujer, tu amiga, tu alumna, tu diosa, tu puta, tu niña, tu akasha, tu país, tu compañera, tu madre, tu principio, tu universo, tu sinrazón, tu amor, tu lo que quieras. Esta noche y no más. Porque no hay más nada que esta noche.
Llegaron al cuarto del hotel que eligieron los escasos pesos que él llevaba en la cartera. Entonces, sintió como un látigo la orden que con su voz, suave como seda, susurró: Cierra la puerta y cierra los ojos. Dame el control absoluto y recuéstate a mi lado.
No hubo sexo, y no hizo falta. La pasión que entre ellos se respiraba iba a requerir algo más intenso que un revolcón, por bueno que éste fuera. Bastó con mirarse para que él penetrara en ella hasta donde nadie. Besos, eso sí hubo. Un par de ellos solamente, pero ella bien sabía entregarse, y él sabía cómo pedir más.
Antes de caer dormida, alcanzó a susurrarle su nombre al oído. Y él la miró reposar, un ser etéreo se hacía milagro que descansaba a su lado, para confortarlo sólo a él. Al verla en sus brazos, él tenía todas las respuestas para todas las preguntas de todos los tiempos.
Quizás fue el hambre lo que los despertó al caer la tarde del día siguiente. Pero la comida vendría luego, porque tenían más hambre de ellos mismos, y lo hicieron ahí, en esa cama que ya era cómplice de sus secretos. Él quería cerrar los ojos, siempre lo hacía, pero en esta ocasión le fue imposible: sobre su cuerpo tenía a toda una ninfa en éxtasis de cuyos labios emanaban rítmicas palabras apenas audibles para él, y que aún así logró identificar al instante:
This is the eye of the storm.
It's what men in stained raincoats pay for
but in here it is pure. Yeah.
This is the end of the line.
I've seen the storyline
played out so many times before.
Oh that goes in there.
Then that goes in there.
Then that goes in there…
Placer salvaje. Aquella tarde recrearon el paraíso, y lo incendiaron sin piedad. Nadie más podría haber imaginado ese lúdico momento, ni siquiera ellos, de no ser que en verdad lo vivieron.
El demonio enamorado hizo su presencia materializado en esa mujer, cuya razón, ya extraviada, sólo repetía: “bien, ahora devuélveme esta noche destrozada. Sé que darás la vuelta y olvidarás mi nombre”...
Así fue. Ella regresó a su ciudad. El se subió esa noche al escenario y la hizo desaparecer.
3 comentarios:
Wow... cómo puedes escribir asi?, excelente... está como super íntimo y super detallado sin ser un cuento…
Y...quiénes son los protagonistas? son reales?
Mmm... digamos que ambos personajes bailaban en mi mente, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia...
Gracias por lo que me dices Cori, ya sabes...
muy buenos d…, en verdad…
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