viernes, 28 de julio de 2006

Parada de autobuses

Hoy no soy.
La inercia me ha reinventado y ya no soy yo.
Hoy sólo soy los restos de una irrealidad cualquiera que merece estar aún más sola de lo que ya está. El tipo que me habla mientras espero un taxi no lo sabe. Está buscando una dirección, sí como no. Sí es así, qué le importa mi nombre, por dónde vivo, qué haré esta noche o qué día descanso. Esas son cosas que ni a mí me interesan. Pero insiste en que mi mirada le parece hermosa. Su opinión me importa un carajo, mi mirada no sirve porque mi mirada no ve nada.

“Eh, que no era ese el Ruta 14 que estabas esperando?” le digo para callar de una buena vez la cascada de frases que no llegarán a ningún lado. Él sólo pone cara de “no me interesa”. Qué tonto. No me molestaré en sonreír. Mi estúpida mirada, mi mirada de veneno, y yo que sólo quisiera sacarme los ojos. Es entonces cuando, aburrida de lo mismo, decido ir a mi casa caminando. Desde que puedo hacerlo nuevamente, a mí me gusta mucho caminar.

Caminar sin ser yo.

No hay comentarios: