domingo, 21 de mayo de 2006

Disfraz

Ah qué simpática estuvo la fiesta.

Ahí estaba yo, 11 de la noche en la azotea del viejo edificio, complementando el escenario lounge que creamos con las velitas que decoraban el ambiente. Luces, un par de amplificadores y un buen juego de luces rodeaban a las mesas. Dos enormes hieleras saturadas de cerveza. Todo estaba puesto. Sonreímos y bajamos al departamento a vestirnos. Justo al entrar, obscuridad. No quedo más que esperar a ver a qué hora se le ocurría a la luz regresar. Vaya suerte, noche de sábado con un apagón en toda la Península, así que ahí seguíamos, a medio vestir –sin el aire acondicionado ni los ventiladores ya sabemos el calor que hace- y sin poder maquillarnos.

Todos iban llegando, subían directamente al lugar de la fiesta, tal vez por el fresco, tal vez por la iluminación de las velas, o tal vez por las cervezas. Después de una hora y tanto de esperar, Nefertari y la playmate le agradecimos a la CFE que la música por fin sonara, y subimos.

Heme ahí saludando a Bob Marley, al Santo, a Elvis (lo sabía! Elvis vive!), a Paul Stanley, a Gandalf. Mientras, Nefertari posaba para la sesión fotográfica. Claro que por aparecer hasta esa hora es que no me había dado cuenta de que ahí estaba el Zorro. Su mirada sobre mí lo dijo todo. De por sí no es fácil ser una conejita, como para sentirme aún más incómoda con su manera de verme. Y se acercó a saludarme. Hola qué tal, gracias, tú también te ves bien… por favor deja de verme así…

Una cerveza, otra más. La gitana se acercó a leernos la mano: ante su fallida, qué digo fallida, totalmente desatinada e imposible predicción no pude más que reír, una risa la verdad muy sin ganas, pero bueno, dicen que si no eres amable con los gitanos te roban hasta el alma y la mía ya tiene dueño así que no estaría bien disponer de ella.

Nefertari bailaba, nunca pensé que Elvis pudiera interesarse tanto por los bailes egipcios. Pero así fue, y por eso supe que de mi amiga faraona ya no sabría nada en lo que restaba de la madrugada. En ese momento lamenté que mi otra amiga decidiera ir de mujer invisible (tan invisible que nunca la vi en la fiesta porque en todo el día se desapareció), ah que la Flaca, con eso de que anda enamorada prefiere exprimir cada segundo de su tiempo al lado de su futuro marido... Ni qué hacer, decidí platicar con la hawaiiana que tenía a mi lado. Claro que la hawaiiana venía con la porrista, así que su platica tampoco era muy de mi interés. Entonces el mecánico tomó de la cintura a su hawaiiana y la porrista se fue por una chela. No es que me importara quedarme sola, porque no lo estaba, sino que no quería quedarme sola con el Zorro.

Equis. De mi bolsa saqué un cigarro y lo encendí. El cielo se podía apreciar maravillosamente, y quise que alguien estuviera ahí. En fin, sólo estaba el Zorro, y después de tanta cerveza me dijo:
-No quieres mejor ron? O vodka? Fuimos a comprar estas botellas...
-No, muchas gracias
-Lo digo porque sé que no tomas cerveza
-Sí tomo cerveza
-Bueno, pero sé que a ti lo que te gusta es el vodka, con jugo de uva y cuatro hielos

No sé porqué no me gustó que supiera de manera tan precisa mis gustos. Digo, si fuera cualquier otra persona tal vez no me importaría, es más, me agradaría la atención, pero insisto, con él ya me sentía incómoda.

No muchas gracias, no quiero bailar… claro que podemos platicar, sólo que mis ojos están más arriba, no sé si pudieras dejar de verme las piernas… El caso es que unas horas más tarde, así de la nada, el Zorro comenzó el ritual que yo ya había escuchado antes. Sentándose a mi lado, haciendo intentos por hablarme al oído y decirme todas esas frases hechas que se supone deben conquistarnos a todas las mujeres... Y no, la verdad no te la compro, porque ni soy tan fascinante como crees…Es verdad que dijiste cosas lindas de mí, algunas hasta eran ciertas. Igual y sí, ahí sí tienes razón, soy difícil de impresionar… Pero me aburren los disparos incesantes de tus preguntas necias, "porqué no?", “sí pero porqué no?”, "y eso qué tiene?", "es que no te das cuenta", “por eso, quiero que me conozcas”, “pero porqué?”, “ay por favor, tengo 29 años, sé perfectamente lo que quiero y lo que quiero es besarte"…

Súbitamente llegó ella. Lentamente vi cómo su pasado se inclinó entre nosotros para quedar frente a él y decirle sus verdades con todo el dolor de una mujer enardecida, pisoteando su propia dignidad a costa de ganar una batalla perdida, la cual ni siquiera me interesa pelear. Y si "hicieron el amor hace dos noches", a mí qué? Y si "lo único que le interesa es coger conmigo" [sic], a mí qué? Y si "tienen una historia", a mí qué? Nada de ello me mueve ni la más mínima pizca de interés, y bueno, los cheques de sus insultos no tienen fondos en el banco de mi ánimo… Esta situación me parecía tan absurda que lo único que le hubiera aplaudido es que por fin, directa o indirectamente, quedé impresionada por el Zorro, quien palideció al instante y no supo ni qué decir.

Soy una dama y como tal, no iba a quedarme a ver el desenlace de aquel caso para Silvia Pinal. Las escenitas me dan mucha flojera. “Disculpen que los interrumpa, pero veo que tienen varios asuntos pendientes por arreglar, así que bueno, como yo no tengo absolutamente nada que ver aquí, me retiro, con permiso…”.

Nefertari, vámonos wey. O bueno, dile a Elvis que te aguante y llévame a mi casa, por fa. Mira que igual son las 6 de la mañana... Ok, en lo que tomas tus llaves te espero abajo.

Emboscada. En plenas escaleras. No te me acerques, de verdad. En serio no te preocupes, no hay problema, no, ni me des explicaciones, y hazte para atrás, te lo juro. Ja, mucho menos me presiones, los chantajes a mí no me van, ya no quieres ser nada más mi amigo? Es eso o nada? De verdad lo lamento, pero pues tú (y "tus 29 años") lo están decidiendo… Sí Nefertari, ya estoy lista, vámonos.

Qué cosas.

Por cierto, yo nunca me quité mis orejitas...
Aunque me pregunto si una capa, un sombrero y un antifaz le serán suficientes al Zorro para encubrirse ahora.

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