Ya arráncame de una vez todos los suspiros que te he dedicado. Llévatelos, no puedo seguir con ellos. Ahoga en esa Coca Cola que bebes a diario mis ganas de estar contigo, de querer estar siempre recostada a tu lado mientras platicamos de todo, de nada, de no sé qué. Ya no me hagas vivir la incertidumbre y sentir esa ansiedad en el estómago, que se encuentra repleto de mariposas que revolotean al ver en el calendario que día a día es un día menos para ver de nuevo tus ojos y tu sonrisa, para saber que me bastará con levantar la mirada y estarás ahí, y me sentiré segura mientras me ves despiadadamente como si no hubiera nada que esconder, como si pudiera volar y decirte que te quiero y que siempre te quise.
Ya no quiero recordar tus frases, ni tener presentes tus pasos, ni tus dedos en mi piel, ni que mi lengua evoque tus labios. Ya no quiero seguir inhalándote en cada cigarro. Deja que mi mente naufrague en otro mar que no sean tus brazos. Ya no hagas que me aparte cuando estoy en medio de la gente sólo para regresar a Playa, al mirador, a ese parque, a esa cama, y vernos reposar como si lo que estuviera sucediendo allá, afuera, en el otro mundo, nos importara muy poco. Ya dile al tiempo que regrese y que se quede o que se vaya para siempre y me lleve con él. Que las hojas de los árboles no me hablen de ti, que las estrellas no me piensen una más y se rían de mí y de mi historia. Que por un segundo dejes de ser la luz de mi noche.
Ya deja de hablarme de esa forma y no me vuelvas a mirar ni a sonreír así como lo haces porque si insistes en hacerlo, me quedaré por siempre en tu piel, mi espíritu se anclará a tu ser y me iría de este mundo sin alma, seca, sin pensamientos. Sin mí.
Ya no sigas curando mi frustración porque seguiré queriendo quererte. Mantente así, sin enviar cartas, sin llamarme, sin siquiera darme una señal alentadora, sin preguntarme cómo estoy, esperando ese “buenas noches” que no llega, así, alejado aún más de lo que la distancia misma nos ha colocado. Permite así que deje de ser parte de ese planeta al que estoy casi segura, aún pertenezco.
Ya por favor, no permitas que me siga olvidando de mí y de lo que siempre he creído ser para convertirme en la mujer que quiero ser para ti y que soy cuando estoy contigo. Ya deja de hacerlo, déjalo. Porque de esa forma, me creo la mejor, la última, la única, la de ayer y la de siempre, y no habrá entonces nada que puedas hacer para cambiarlo, o para evitar que te haga tan feliz como nunca has sido.
Ya que no puedo olvidar, olvida tú. Ya no quiero seguir soñando contigo, ya no quiero pensarte más. Porque así, separados, nuestro tiempo se marchita en algún rincón de la calle de los besos vacíos, en el país de los amores mutilados.
¿Qué diablos has hecho de mí?
Déjame en suspenso, te regalo la respuesta. No respondas, ya ni siquiera hagas eso.
Ya no quiero recordar tus frases, ni tener presentes tus pasos, ni tus dedos en mi piel, ni que mi lengua evoque tus labios. Ya no quiero seguir inhalándote en cada cigarro. Deja que mi mente naufrague en otro mar que no sean tus brazos. Ya no hagas que me aparte cuando estoy en medio de la gente sólo para regresar a Playa, al mirador, a ese parque, a esa cama, y vernos reposar como si lo que estuviera sucediendo allá, afuera, en el otro mundo, nos importara muy poco. Ya dile al tiempo que regrese y que se quede o que se vaya para siempre y me lleve con él. Que las hojas de los árboles no me hablen de ti, que las estrellas no me piensen una más y se rían de mí y de mi historia. Que por un segundo dejes de ser la luz de mi noche.
Ya deja de hablarme de esa forma y no me vuelvas a mirar ni a sonreír así como lo haces porque si insistes en hacerlo, me quedaré por siempre en tu piel, mi espíritu se anclará a tu ser y me iría de este mundo sin alma, seca, sin pensamientos. Sin mí.
Ya no sigas curando mi frustración porque seguiré queriendo quererte. Mantente así, sin enviar cartas, sin llamarme, sin siquiera darme una señal alentadora, sin preguntarme cómo estoy, esperando ese “buenas noches” que no llega, así, alejado aún más de lo que la distancia misma nos ha colocado. Permite así que deje de ser parte de ese planeta al que estoy casi segura, aún pertenezco.
Ya por favor, no permitas que me siga olvidando de mí y de lo que siempre he creído ser para convertirme en la mujer que quiero ser para ti y que soy cuando estoy contigo. Ya deja de hacerlo, déjalo. Porque de esa forma, me creo la mejor, la última, la única, la de ayer y la de siempre, y no habrá entonces nada que puedas hacer para cambiarlo, o para evitar que te haga tan feliz como nunca has sido.
Ya que no puedo olvidar, olvida tú. Ya no quiero seguir soñando contigo, ya no quiero pensarte más. Porque así, separados, nuestro tiempo se marchita en algún rincón de la calle de los besos vacíos, en el país de los amores mutilados.
¿Qué diablos has hecho de mí?
Déjame en suspenso, te regalo la respuesta. No respondas, ya ni siquiera hagas eso.
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