sábado, 10 de septiembre de 2005

Recibir noticias tuyas

Hoy espero recibir noticias tuyas. No es que hayamos quedado, la verdad, pero eso me gustaría porque más que buscarte quiero ya encontrarte. A lo mejor espero demasiado, lo sé. Pero no es mucho pedir, no busco una llamada o una carta, ya ni siquiera busco una señal que te evoque. En realidad no sé ni lo que busco. Tal vez no busco nada que no sea más vida en la que sigas existiendo tú. Sigo mostrando un poco de fe, y espero recibir noticias tuyas porque eso es todo lo que puedo hacer.
Lo más probable es que no las obtenga, porque soy mala y a las personas malas se las lleva el carajo. Soy mala, y lo digo así porque como la semilla que se alimenta de lo prohibido, quiero y no quiero pensarte. Mala porque mi mente planea estrategias para lograr el olvido, mientras anhela el momento de vernos cara a cara para decir todo lo que no hemos dicho. Mala porque al quererte a tí realmente me estoy queriendo a mí y sólo a mí y al placer que siento al escucharte, a la paz que encuentro en la claridad de tu mirada, en donde misteriosamente sucede todo aunque no pase nada. Soy tan mala que nunca estoy tan bien como cuando estoy contigo, pues me veo a mí misma como me ves tú. Sí, soy mala porque soy una persona terrible y escéptica que quizás sólo está a la expectativa de que un día sus piernas no reaccionen más. Soy mala al ser indisciplinada, obsesiva al extremo, neurótica depresiva, hedonista y analítica de la tragedia.
Por eso no creo recibir noticias tuyas. Aún cuando de algún modo puede ser que las merezca porque soy buena. En la bondad aún me quedan ilusiones. Soy buena porque no pretendo olvidar cómo sonreir y sigo siendo alegre como una niña y su calma, como la esperanza de la última oportunidad para hacer que suceda. Soy buena siendo un tanto ingenua al creer en los finales no tan rosas y felices pero sí un poco menos jodidos. Soy buena porque los buenos son aburridos y yo ahora navego en un abrumador mar de tedio. Teóricamente a las personas buenas les va bien, pero creo que no es el caso porque los buenos también son algo tontos y por eso no ven la realidad que les rodea. No entienden la catársis. En mi situación eso es lo único que puedo entender y por eso espero recibir noticias tuyas. A mi alrededor sólo hay intentos y yo no creo en ellos. Mejor voy reclutando los segundos, del más grande al más pequeño -soy maniática del orden-, esperando recibir noticias tuyas que al parecer llegarán al diez para las nunca. Pero el fantasma a mi lado me dice que el polvo que me queda de las estrellas que alguna vez me rodearon es la única redención a mismiedos, y el único vestigio que tengo de aquel cielo; al menos me queda algo, porque no creo recibir noticias tuyas. No hoy.
Y la leyenda continúa mientras al otro lado de mi ventana llueve. ¿Qué estoy haciendo? ¿Se puede soñar estando despierta? Si pudiera recibir noticias tuyas de alguna forma estarías aquí para explicármelo. Pero la eternidad de las emociones me hace entender mucho más, como que la vida es una puta elegante que nos hace favores lindos de vez en vez cobrándolos con todo el lujo que se permite, o como que todo lo me gusta es ilegal, inmoral o engorda, o es adictivo o imposible, como el recibir noticias tuyas. Sigo luchando, comulgo con esos miedos, porque sin ellos no tendría nada ahora, tal vez un par de canciones como mi paraíso y mi infierno, o quizás una infinita desnudez de tí, pero eso ya no importa, nadie lo sabrá porque nadie se acercará a mí. Mucho menos tú, bien lo sé. Y entre los miedos destaca el peor: no me aterra tanto la mortífera ausencia que a veces se apodera de mí, o la distancia entre el hoy que es ayer y el hoy que jamás ha sido. El peor de mis miedos es el saber que pude no haberte conocido nunca, y nunca haber recibido noticias tuyas.
Sin importar que el coincidir haya sido el inicio del final, me vuelvo una despiada ladrona de sueños que se desliza entre el instinto y el recuerdo. Al convertirme en esa psicópata sonrisa me nutro con la savia que corre en las venas de la vida que no tengo. Hierve mi sangre, pausadamente. Entonces se aparece de nuevo el poder de lo incierto, al cual logro vencer con toda la magia de la que soy capaz; una lucha salvaje, como dos cuerpos entrelazados en la obscuridad de la noche, labio a labio, piel a piel, para no olvidarla nunca. Y con esa pasión me cubro, reencarno al amanecer y la experiencia coincide con la nada, con ese espacio tan vacío en el que sigo esperando, aún sin recibir noticias tuyas.

viernes, 2 de septiembre de 2005

Es mejor estar sin ti

He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Sí, me encanta. Estar sin ti es excelente, en principio porque cada día que pasa compruebo que sí es posible.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Es lo mejor porque puedo ser yo sin temor a desagradarte, porque no me ves. Es lo mejor porque puedo hacer miles de cosas para distraerme, para alejar mis pensamientos de ti, o quizás para encontrarte hasta en los más ínfimos detalles.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Verdaderamente creo que es lo mejor, porque así no estoy nerviosa. Porque puedo planear a la perfección nuestro próximo encuentro, aún sin saber si será en poco o mucho tiempo, o incluso si lo habrá. Es mejor porque te valoro, te critico, te apruebo y te desapruebo. Es mejor porque sé que hay alguien, en algún lugar del mundo, que sin saberlo le da aliento a mi energía para existir, y seguir.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Es mucho mejor. Porque no hay expectativas que superar, ni reloj que limite nuestra compañía, ni factores de los que dependan nuestras citas. Porque lo que más me duele de verte, es el tener que dejarte después. Así, sin ti, no hay presión, ni silencios incómodos; y además, así al vernos, siempre existirá el pequeño gran detalle: me puedo entregar completa, al 100%, como si fuera la última vez... y es que precisamente así nunca sabremos cuándo efectivamente lo será.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Así, sin ti. Porque puedo pasearme en mi vieja pijama por toda la casa, sin preocupaciones ni complejos, y aún así, buscando sentirme bella, sentirme bien, ser mejor, superarme, para mí y para nuestra posible próxima vez.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Lo mejor es estar sin ti, porque experimento de todo: alegrías, tristezas, ilusiones, esperanzas, miedos... Lo mejor es que no te extraño, porque aunque no estés conmigo, estás en mí.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Sin justificaciones, estar sin ti es mejor. Porque ya que te tuve, no hay más. Porque lo mejor es la trascendencia, y esa ya está ahí. Porque ya sea sexo sin amor o amor sin sexo, veo la realidad y el binomio se conjuga. No te veo, pero te siento. No te escucho, pero te pienso. Y es que al refugiar mi memoria de ti, tratando de olvidarte, descubro que te estoy recordando.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque simplemente es mejor. Así son las cosas, o así se han dado, sin forzar nada, todo ha seguido su curso natural. De no haber sido así, quizás se hubiera alterado el curso de los planetas, o desaparecería la faz de la Tierra, tal vez las guitarras no sonarían igual, o los lesionados necesitarían otro superhéroe.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Sin ti, pues así es como nacen nuevas formas de ser, de pensar, de sentir. Brotan nuevos secretos, e intimidades que ni yo misma me conocía. Y así también en mí nace día a día una nueva mujer que tal vez en alguna ocasión te des la oportunidad de conocer.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque eres mi detonante. Soy mar en calma que ahoga las revueltas que sus fantasías desatan, hasta que percibo alguna señal tuya. Porque eres la Luna de mi marea: controlo todo lo que llevo guardado hasta el momento en que te apareces de alguna manera, y es entonces cuando me quedo sin voz por tanto llamarte, me quedo sin lágrimas por tanto llorarte, y me quedo sin corazón, porque hace ya un tiempo te lo llevaste.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque así estoy un tiempo conmigo, y es que debo recordarte que me has secuestrado toda, y ahora vivo perdida sin escuchar tus palabras o ver la claridad de tu mirar. Es mejor así, porque puedo dejarte libre, para que otras personas compartan también la dicha de encontrarte. Para que experimentes el que otras bocas recorran tu geografía. Para no ser tan egoísta de sólo quererte para mí. Para que tengas la oportunidad de ocasionalmente recordarme, y si tengo mucha suerte, de que quizás quieras verme alguna vez.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque la distancia puede hacer crecer este fuego que a veces me quema, o igual puede apagarlo. Porque tu presencia, tu sola presencia adormece mis neuronas, me idiotiza, no soy yo, y no me gusta perder el control. Porque es mejor pensar que sí, hay un mundo afuera de ti, y que sería una buena idea vivirlo de vez en vez.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque lo mejor es el reto, la adrenalina. Porque me ha funcionado el desear sin esperar nada a cambio. Porque al verte, la catarsis es tan grande que pierdo la noción espacio-tiempo. Porque el verte, el saberte, es un escape... y huir no es mi estilo.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Es realmente lo mejor porque me inspiras, porque haces fluir lo mejor de mí, ¿acaso con la ilusión de brindártelo?, no lo sé, pero ese no es el punto. Es mejor porque me basta con saber que existes, aunque no sea a mi lado. Es mejor porque puedo aprender. Puedo desafiarme a mí misma, al destino, a mis temores. Porque igual eres lo primero en que pienso al despertar y lo último en que pienso antes de dormir.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque vivo el incendio de las emociones, el recuento de las memorias, mas no de los recuerdos, porque tú no eres pasado, sino presente continuo. Porque reconozco la ambigüedad del tener y no tener, del creer tener y del querer creer tener, del ignorar si se tiene o no, o si se tiene aunque sea un poco...
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Y es que estar sin ti me hace ver lo positivo de lo negativo. Estar sin ti me hace argumentar buenas razones para seguir así, o tan sólo para poder mantenerme, y además, para creerlas.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Lo he descubierto al darme cuenta de que me has hecho adicta a ti. Me has vuelto vulnerable. Me has hecho sentir un sutil dolor, una inútil necesidad. Una rabia conmigo misma por caer en un abismo que por igual me emociona con el vértigo como me lastima con el golpe. Un coraje inmenso porque sé que me elevas, pero también sé que mientras más arriba me encuentro, más me duele el caer. Porque el corazón no está donde late sino donde ama, y tú eres mi condena, mi reto.
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Es mucho mejor, pues así no eres un parámetro de medición, ni un patrón a seguir. Porque quisiera poder pensar que hay un futuro por delante en el cual habré superado esta etapa de incertidumbre. Sí, he descubierto que es mejor estar sin ti, porque ya he logrado sufrir la alegría y reír del dolor, al igual que estar consciente de que no estoy plenamente consciente...
He descubierto que lo mejor es estar sin ti. Porque quizás sólo así mi alma y mi espíritu se percaten de que tú no estás aquí. Es mejor así, para que mi energía y mi corazón puedan poco a poco descansar, para que mi ser, efectivamente sea... Porque tú tienes tu vida y yo tengo la mía, y 1 y 1 no son 1, sino 2...
He descubierto que sí, lo mejor es estar sin ti. Y aún así, he descubierto que, lo acepte o no, lo único mejor que estar sin ti sólo podría ser el estar contigo.