sábado, 25 de junio de 2005

La simbiosis inesperada

The panic, the vomit,
God loves his children...”

T. Yorke


Ahí estaba ella, a las 11:42 de la noche de un viernes más, sentada en una mecedora de la sala de su casa. Una lámpara a sus espaldas era lo único que iluminaba el lugar, y la tenue luz era lo único que cubría su cuerpo desnudo. Desnudo de alegrías, de placeres. Desnudo para sentir, lo que fuera, lo que pudiera.

Su mirada se centraba en la nada, su cabeza inclinada levemente hacia la izquierda, con la espalda recargada por completo en el respaldo de la fría mecedora, la pierna derecha apoyada sobre la misma y la pierna izquierda sobre la pequeña mesa de madera que estaba a un costado. Frente a ella, un viejo televisor descompuesto hacía sonar a Radiohead en vivo para Film and Arts.

Ahí estaba ella, divagando bajo un ventilador que hacía mover un par de sus cabellos hasta cubrir su frente. Ahí, siempre bailando con la muerte, a veces amándola, otras tantas odiándola, pero nunca con temor. Desafiándola, seduciéndola. Así, perdida, recordaba cómo de pequeña se pasaba horas recostada en el jardín de la casa de sus padres, viendo las nubes pasar, viendo a la Luna salir; misma Luna que entraba por su ventana noche tras noche, observándola mientras ella descubría la bondad y la maldad, eso a lo que algunos llaman naturaleza humana.

Sentía que el dolor le arrancaba las piernas. Pero al menos sentía algo. Sus demonios danzaban a su alrededor, conspirando el mágico momento, mientras un delgado hilo de humo emergido del cigarro sabor a mentol se escapaba de entre sus dedos. Consumiéndose de a poco, quizás de la misma manera que ella.

Abandonada, sí. Abandonada hasta por ella misma, pero acompañada por su soledad. “Qué es esto?”, se preguntó en silencio al tocar su rostro. Al observar sus dedos, confirmó que algunas lágrimas brotaron de sus ojos color miel, color nostalgia. Pareciera que con su llanto, la voz de Thom Yorke se hiciera más intensa.

Quiso levantarse, y lo hizo sólo para buscar entre sus pertenencias más preciadas aquel revólver. Con la furia de un animal herido, lo tomó entre sus manos y quiso entonces acabar con todos aquellos que le infligieron tal dolor. Sin planear el crimen, cubrió su desnudez con una bata de seda color guinda y salió en búsqueda de la consumación del asesinato perfecto. Uno, o seis, o diez, los que fueran necesarios.

Caminaba, todavía podía caminar, y bajo la lluvia se preguntaba quién carajos era ella para terminar con una vida sólo por cobrar justicia, se preguntaba si tenía el derecho de destruir algo que ella misma no era capaz de crear. Pero tenía muy clara una cosa: no era el momento de dudar, no ahora. Y decidida, dejó como siempre el temor atrás.

Súbitamente, se vio con el cuerpo salpicado de sangre, sangre que se diluía con las gotas de lluvia. Sangre con sabor a su pasado, a su presente y a su futuro. Sangre sutil que se comparaba al grito sordo ahogado durante tantos años. Sangre que brotó al apretar firmemente el gatillo... El olor a hierro acompañó a esa presión fulminante que sólo consiguió abrir viejas heridas, tan profundas como el negro manto de la noche que presenciaba su pesar.

Era una pena tanta frustración. Era cuestión de volver al origen. Y fue entonces cuando descubrió que simplemente era la vida quien se estaba cobrando el derecho de matarla.

domingo, 12 de junio de 2005

Mucha enajenación y nada de vodka

Crónica nocturna desde mi perspectiva

¿Cómo sabes cuándo tus años de fiesta poco a poco han evolucionado, que ya no son lo mismo que antes y que lo que llamabas “diversión” ahora va por otros rumbos? ¿En qué momento llegas al punto en el que ese par de tequilas son superados en mucho por tu deseo de un buen baño tibio, o al menos por una plática un tanto más propositiva que temas tales como el trasero de Lenny Kravitz? Es decir, no he de negar que los encantos del afroamericano llaman mi atención, pero eso ahora no importa, el caso es saber en dónde está el límite de tus alcances en una noche como cualquier otra en esta ciudad.

Iniciaré relatando que el plan de salir la noche de ayer sorpresivamente fue pospuesto para hoy, y de ello me enteré hasta las 8 de la noche, cuando ya ni siquiera lo tenía contemplado. Después de la emboscada telefónica, evidentemente la misión era conseguir mesa, en lo personal me caga salir a lugares congestionados y no tener un espacio libre de empujones, sobre todo ahora que poseo una espalda delicada. Y bueno, mis amigas lo ven más por el lado snob; generalmente nos es fácil conseguirla casi en cualquier lado, aunque en lo personal, la persecución tras una mesa en el antro siempre me parecerá una súplica absurda, siento que el personal de los antros "inn" (?) se dan la importancia de semidioses haciendo que los simples mortales técnicamente rueguen por un lugar en su negocio, como si se tratara de un favor, mi sarcástica mente la traduce en algo así como: “podrían tener la amabilidad de reservarnos un espacio no mayor a 1 mt2 para gastar en él nuestro dinero a su salud?”, de cualquier forma, con todo y nuestros muchos conocidos y tarjetas VIP, sería un milagro si a esta hora –y en sábado!!- lo conseguíamos.

No sé cuántas veces habremos marcado para reservar, pero luego de un número considerable de llamadas sin respuesta, seguíamos en el limbo. El plan está a la deriva hasta que recibo la heroica llamada de mi amiga que salvaría la noche anunciando algo así como: “D!, le marqué a Kramer –(a quién??)- y ya tenemos la mesa donde siempre, pero hay que estar ahí a las 10 ok? Paso por ti”. Al instante, mi juicio procesa 2 puntos: Punto 1: A las 10??? No entiendo porqué carajos tan temprano si siempre nos aguantan la reservación hasta las 11. Quizás hoy lo que buscaban era ver a un grupo de nenas alcoholizadas antes de medianoche. No estaba segura de que lo verían, pero después del melodrama no nos podíamos poner exigentes. Punto 2: “Donde siempre” significa CantaBar, o sea un pequeñísimo antro fresón -o al menos un sitio que pretende serlo- cuya peculiaridad es que cuenta con karaoke, pero sus aires de grandeza lo han vendido como EL AN-TRO; aunque para mí no es más que un kinder peligrosamente pop, cuyo módico cover hace accesible la entrada de cualquier junior que se haya ganado su domingo, o bien, de adultos que buscamos una peda de bajo presupuesto.

En fin, veo el reloj y me percato de la crítica situación. En una hora??!! (Aquí podría enfatizar que el ritual de belleza femenino por lo general se critica por juzgarlo exagerado. Sin embargo, con mis amigas ese juicio no es tan erróneo. Nunca he sabido quién es más vanidosa, si la mujer que se arregla demasiado o la que cree que no lo necesita, pero a mí la verdad eso ni me preocupa tanto, a fin de cuentas yo sólo quiero pasar un buen rato, sin buscar competir con el atractivo de las demás féminas que visten falditititas del tamaño de su cerebro, que la verdad más que fashion parecen de putero). Así que habrá que dejar a un lado la coquetería y encontrar los primeros jeans que se acomoden a mi humor. La temperatura de 39° determina que el complemento perfecto a mi atuendo es esa blusita verde claro, es fresca y la tela se desliza muy bien en mi piel, me gusta cómo se ve. Falda? Ni pensarlo, sé bien al lugar al que voy, siempre nos dan mesa en la zona de arriba; en alguna ocasión descubrí que el llevar falda significaba llamar la atención del sexo masculino ubicado en la planta baja, no sólo por aquello de lucir pierna –sobre todo cuando después de ir a la playa nuestra piel bronceada parece salida de un promocional de aceite de coco-, sino porque están más interesados en estudiar los encajes de cuanta prenda íntima les permita el aire acondicionado. Es cagado, pero paso.

Honestamente, hubiera preferido ir a aquel bar en el que las chelas están al 2x1, ahí la distancia entre las mesas sí respeta el espacio corporal y se escuchan rolas aceptables interpretadas medianamente bien por la banda, a quienes también conocemos, por lo que el plus es que suelen tocar el repertorio que pedimos. Pero no hay más, otra amiga cumple años y CantaBar ha sido su elección.

Llegamos muy puntuales, algunas ya nos esperan en la puerta del antro, y ahí podemos apreciar a la gran masa de hormonas y dos que tres excepciones que pululan en torno a un tipo que en sus mejores sueños anhelaría ser algo así como Vin Diesel. A un lado de nosotras, ese ser de casi 2 mts hace uso de la autoridad que le otorga el radio que tiene en la mano, y con una mirada desafiante, batea a placer a un güey que trae puesta una playera de Las Chivas. Mamón hasta el grado de ser despectivo, le dice: “No es por la edad hermano, es tu playera, o sea, ese equipo no juega hoy”. Como emperador romano satisfecho de haberlo lanzado a los leones, simplemente mueve el dedo indicándole en poquísimas palabras que se largue de una buena vez. Por dignidad, yo ya lo hubiera hecho, y es que ni siquiera se digna a mirarlo, ni a él ni a su noviecita, quien con los ojos muy abiertos se resigna ante el dictamen, “vámonos Julio”, dice. Entonces me pregunto porqué carambas no mejor batean al mocoso aquel que porta una playera de The Ramones, aún convencido de que el punk vive en Avril Lavigne? Digo, ubicas a The Clash? Infame, ni habías nacido cuando Sid Vicious estaba ya 3 mts bajo tierra. Tendrás siquiera una idea de quién es Sid Vicious? Seguramente no, otra razón más para batearte. Pero ese asunto no me corresponde, quizás lo haga cuando tenga mi propio bar.

Qué calor...
A quién hay que mamársela para poder entrar a este lugar y dizque “evitarse el oso” de estar esperando en la cadena por un poco de clemencia? No lo sé y no me interesa saberlo, porque por suerte conocemos al dueño, o al socio, o a no sé quién madres sea exactamente, pero tiene el poder de saludarnos con un beso en la mejilla, suficiente para entrar sin siquiera formarnos, y nuestro conocido ahora pasaba justo frente al wannabe Vin Diesel.


-Hola muchachas! Qué gusto verlas! Tan guapas como siempre... (Un saludo de quinta que seguro repetirás más de 68 veces por noche, como quieras güey, grandes amigos y ni sé cómo te llamas -ah claro, Kramer...-, pero en fin, influencias, influencias...)
-Hola, hola, hola... (todas sonreímos, tal vez más que por verlo por saber que por fin entraríamos al aire acondicionado)
-Quiénes vienen contigo? (Maldición, caigo en la cuenta de que mi amiga hizo la reservación a mi nombre, nunca supe cómo es que sin querer me asignaron el rol de organizadora)
-Ellas (señalo a mi gente)
-Cuántas son? (oh chinga’, no sabes contar?)
Antes de yo pudiera pasar lista, mi amiga responde: Somos 15. Quince? QUINCE!!! Si Pitágoras no falla, yo había contado menos, lo que no había contado era que otras amigas anexaron al plan a otros tantos, que dos de ellas esperaban a sus novios (uno de los cuales había invitado a su primo, también con novia), y que además venía Claudia. Claudia? La que en la universidad tanto nos censuraba por “desmadrosas”? Sí, nuestra antítesis personificada misteriosamente resultó apuntarse con la cumpleañera, bizarro, y no conforme con ello, trajo a otra de sus comadres. Familión. Ni pedo, creemos que la cumpleañera aceptó de buena onda, y así también lo hacemos nosotras. Después de todo, Claudia siempre ha invitado los cigarros. Aclaro que no tengo bronca en salir con una buena cantidad de banda, la bronca era que sabía que iba a estar medio cabrón adecuarnos al lugar sin aplastarnos mutuamente.

Mucho calor...
Nos dirigimos a la bendita mesa de siempre, pero mi amiga se frena en seco. “...Y porqué no mejor nos quedamos en esta?...”, me dice señalando a una microscópica mesita de pista que nada tiene que ver con el sitio reservado en la planta alta del lugar. Digo, al menos ahí son dos mesas para nosotros, y si consideramos que en efecto, somos un chingo de personas, no había comparación. Le respondo simplemente con un gesto de “neta, no mames”, y no entendí la repentina necedad de que ESA fuera nuestra mesa hasta que comprendí que hoy es sábado: de seguro su ex estará por aquí, y si llega, desde aquí lo ubicará perfectamente (más que cursi, medio de hueva el asunto). La lógica me decía que era humanamente imposible acomodarnos en ese mínimo espacio, pero también me decía que no podría sacar a mi amiga de su paranoica idea. Decidí renunciar a la responsabilidad de ser la mediadora del desmadre, y lo dejé a decisión de la benévola cumpleañera, quien diplomática accedió a la petición. Ok D, veamos lo positivo. Estratégicamente, estamos cerca de la barra, estamos en el centro del lugar, podemos ver a todos –por ende todos pueden ubicarnos-, tenemos enfrente a la pista... mmm bueno, conforme enumero los aspectos veo que esto tal vez tiene más contras que pros.

Nuestro interés se centra simplemente en divertirnos sin necesidad de llegar a un estado etílico grave o tener algún fin ligatorio, cabe destacar que al menos en mi opinión, sólo hay cuatro tipos de hombres que acuden al CantaBar: novios (presionados por su chica), amigos (apiadados ante la insistencia de las amigas), teenagers que se sienten muy inn (sólo porque Ayuntamiento no ha caído para cerrarles el lugar), o güeyes que van a ver qué pueden ligar con los encantos que la edad les ha dejado. Ninguno aplica para prospecto. Por eso con nosotras es diferente, además es difícil ver a un grupo de viejas en plena cacería, mejor nos limitamos a nuestra fiesta. La noche avanza, los alcoholes circulan y el lugar se va llenando. Inicia el caos, chavitas esquizofrénicas trepadas a su banquillo, o a la barra, o a la amiga que está que se encuera con tal de conseguir uno de los pomos que están sorteando, todo esto entre meseros gandallas que basándose en manoseos se abren paso entre la multitud. Algo patético, es como la versión postmoderna de Sodoma y Gomorra. Por alguna extraña razón, mi mente olvidó dejar en casa los procesos analíticos que derivan en silogismos filosóficos, e inicio las observaciones de mi entorno cual si fuera para Discovery Channel, con todo y voz off estilo Charles Darwin: “aquí va el macho alfa, aproximándose sigiloso hacia la hembra 1, no se detendrá hasta devorar a su presa... de este lado observamos cómo la teoría de la evolución no se equivoca ya que sólo el más apto sobrevive, recomendamos a la hembra 2 no beber más de lo que su naturaleza le permite...” Por un momento, visualizo el ambiente con un paneo general en slow motion y musicalizo la decadencia: “...just a perfect day, feed animals in the zoo...” a huevo, Lou Reed sabe qué pedo.

Mierda, que calor...
Mientras me divierto aisladamente con mis imaginerías, mi mirada coincide con la de un tipo en la mesa de atrás, al instante me sonríe, lo que me hace deducir que ya llevaba cierto tiempo observándome. Salgo del trance en el que divagaba, lo conozco? No, ni idea. Y en eso estoy cuando Ren, el famoso ex, se aparece e irónicamente está acompañado. Como generalmente suele pasar en estos casos, el fulano trae consigo a una reinita, y aunque mi amiga no es fea, básicamente es la ex, status que le resta magnificencia. Oh fortuna, su mesa está junto a la nuestra. Mi amiga sólo dice “no quiero verlo, D, por fa, por fa”. Me lleva la chingada, estamos atorados en medio de un gentío loco sólo por tu romántico capricho y ahora decides no verlo. De hecho es difícil no verlo si está como a menos de 50 cms de distancia, así que repito mi gesto de “neta, no mames” y ni modo de no saludarlo, además ni a donde movernos, aquí ya no cabe ni un pinche alfiler.

Después de 3 botellas de tequila y dos cubetas de cerveza, sigo convencida de que a mí lo que me pone en onda es el vodka. Creo que esta noche no lo veré llegar, pero a estas alturas con que callen a Paulina Rubio ya es más que suficiente. Busco al mesero para pedir la otra ronda, y descubro que el tipo de la mesa de atrás me vuelve a sonreír. Qué madres me ves güey? Seguían llegando amigos a la mesa, y a menos de que formáramos una pirámide humana no íbamos a caber en el sitio elegido por mi ahora arrepentida amiga. Súbitamente me sentí aturdida, me desespera un poco el tener que traducir lo que pretenden platicarme, o intentar leer los labios para adivinarlo, o gritar entre baile y baile. Está por demás mencionar que no iba a moverme al ritmo del reggaetón (quién diablos dijo que el reggaetón y la technocumbia "son lo de hoy"? es más, quién le puso "reggaetón" al reggaetón??!! De seguro Bob Marley fuma y fuma para olvidar, si no es que ha vuelto a morir, a causa del mal viaje que esto le causa en donde quiera que se encuentre). Tampoco es mi estilo estar morboseando a ¡niños! que en vez de parecerme atractivos me dan huevita, y que en este momento lo único que quisiera es un rico masaje, alguien con quien platicar y mi cama... Yeah, todo al mismo tiempo suena interesante... o bueno por separado, la verdad ya da igual.

Puta, qué calor!!...
Tal vez por eso no me había percatado de que mi amiga cumpleañera me veía medio sacada de onda, demonios, siempre ha sabido que soy un tanto distinta (“medio extraña”, dice), ha de pensar que no estoy a gusto y la verdad es que no es onda amargarle la fiesta. Además, por extraño que parezca, dentro de todo me estaba divirtiendo, con altas y bajas según la rola, pero en fin, el caso es que recordé que antes de vivir aquel accidente disfrutaba mucho bailar, por cierto no lo hacía tan mal, así que me levanté y decidí ver si mi loca columna me permitía hacer lo mismo. Me uní a mis bailarinas amigas, sí, visualicen en la escena a un trío de nenas bailando acá muy pegadito a pesar de la humedad, mis jeans están ceñidos a mi cuerpo, lo que me da la opción de definir movimientos que ellas, a causa de su falda, no pueden lograr, como dije, mala elección para este lugar. Qué diablos, empecé a mover lentamente mi cintura, bajando de a poco mis caderas, shake it baby y esas cosas, ya estaba más animada, pero el baile se interrumpió cuando el novio de Lili, una de mis amigas, recibió una llamada y nos enteramos de que su primo resultó ser Julio, el futbolista aficionado a Las Chivas previamente bateado. Como acababa de llegar y no estaba enterado de lo sucedido (así como nosotras no estábamos enteradas del parentezco), se enojó bastante y quería ir a buscarlo. Pero Lili quería quedarse. Entre la música, las luces y la gente no supe bien en qué concluyó el conflicto marital, supongo que él se la acabó llevando porque en cuestión de minutos ambos habían desaparecido. Sí dejaron una lana para la cuenta, verdad? Perfecto. Yo seguí bailando, y de la nada recordé que hace mucho tiempo, no recuerdo quién me dijo que si alguien es bueno bailando, también es bueno en la cama. Ja, probablemente sólo sea un dicho, de cualquier forma, a mí me gusta mucho bailar...

Ah que pinche caloor!!!...
Siento una gota de sudor que baja por el cuello y me recorre la espalda, mis dedos cesan su trayecto y voy al tocador, no soy de ir a los sanitarios de este tipo de lugares, pero necesitaba sentir algo refrescante ya, y ahora las gotas que se deslizaban entre mis pecas eran de agua helada, haciendo que la blusita verde que tanto me agrada se quedara pegada a mí. Diablos, estoy empapada, pero qué más da, al menos me siento más limpia que la mitad de los aquí presentes. Regreso a mi mesa, el tipo de la mesa de atrás me sonríe por tercera vez. Ah carajos, que no quiero nada contigo. Estas situaciones me provocan decir algo como “no vengo sola, vengo con ... 'mi hermano'/ o 'mi primo'/ o 'mi novio que está por ahí'/ o... sí caray, vengo sola y déjame en paz o te parto la madre”... pero claro que no lo hago, ni partirles la madre ni decirles nada. Sé cómo ser una dama cuando hay que serlo, así que sólo lo ignoro por tercera ocasión, dando a entender mi absoluta negativa a su estúpida sonrisa. Digo, el tipo es de la minoría adulta que hay aquí, confío en que entienda el mensaje.

Después de saludar a algunos conocidos, sigo bailando con mis amigas.
-Qué onda D!
-Hola Alan!
-Oye, no has visto al Ren por aquí?
-(Mta, que si no lo he visto?!!...) Sí, anda por allá...
Claudia saca otra cajetilla y yo sigo resistiéndome a los placeres de la nicotina. Mejor me clavo en la rola que unos insulsos güeyecitos tratan de cantar, y digo tratan porque según ellos “así no va, esta pista no lleva el ritmo –supuestamente- rocker”, cuando lo que está mal no es el ritmo sino su afirmación de que esa rola “tan hardcorera” es original de Belinda y Moderatto. Por favor, que alguien les informe que alguna vez hubo un grupo –no tan “pesado”- llamado Timbiriche... Otra vez la calma cuando suena Under the Bridge. Excelente, conforme escucho la voz de Anthony Kiedis me voy sintiendo como esos personajes de videojuegos tipo Street Fighter, que al descansar los golpes van recuperando su energía vital, ja ja, Street Fighter es algo retro... En lo que otra de mis amigas protagoniza un épico beso con su novio, yo canto un poco, sometimes I feel like I don’t have a partner, sometimes I feel I’m my only friend...

Mientras mi agobiada amiga hace lo posible por evitar al ex, la masa de gente hace imposible que yo evite al tipo de la mesa de atrás, quien no entendió el mensaje y no sé cómo rayos fue a parar justo atrás de mí. Oh que la chingada, ni pedo D, tú sigue bailando y no pasa nada. Pero sí pasó, porque a pesar del soberano rechazo ejercido, creo que el tipo de repente se sintió Robert Redford, pues con una pose de patán más que nefasta, me tomó del brazo y con una copa en la mano me dijo: “oye estás muy bonita, bailas muy padre, ven y tómate algo conmigo”. Qué desastre, después de su actitud lo sucedido era un ejemplo claro de que esas frases sólo le iban a Mauricio Garcés (y eso en Acapulco)... “No, gracias, ya no estoy tomando nada”. Así, cortón directo y seguí en lo mío. No, no insistas, entiende que ni tus brazos de gimnasio ni tu camisa Armani me impresionan, y ni se te ocurra volver a tocarme. Olvidemos el incidente, por cierto, deja de verme el pecho, imbécil, no vas a ver ni puta madre, ni que mi blusa verde tuviera un gran escote, mmm, de hecho nunca he entendido porqué los hombres arman tanto alboroto por un par de senos, es decir, son sólo eso, senos, y si ven, la mitad de la población del planeta tiene un par -incluso más de la mitad, si incluimos a los luchadores de sumo, a Meat Loaf en The Fight Club y a Pamela Anderson, que vale como por tres-, pero claro, desde que los rollos pseudoeróticos MAL aplicados se amparan en pretextos freudianos, resulta que a las "mamis" "nos gusta la gasolina" -háganme el condenado favor!-... En fin, a la distancia a la que estamos puedo escuchar sus comentarios baratos tipo “chequen a esta muñeca, se mueve súper bien, eso, venga” Claro galán, seguro así sí me conquistas, no? Suficiente, por supuesto que no lo soportaba más. Así que me decidí a enfrentarlo, detuve mi baile y estaba a punto de voltear a verlo cuando entre empujones, sentí que otra mano me jaló firmemente del lado contrario.. Ahora qué...?

Carlos, mi súper brother, acababa de llegar de Playa junto con otros tres cuates. Ni siquiera vi en qué momento llegó, pero creo que por primera vez en la vida fue bastante oportuno el que llegara como cuatro horas y media más tarde de lo acordado, y después de pararse entre el tipo este y yo, a él le lanzó la mirada de “en serio, ya no estás jodiendo”, y a mí me tocó recibir un breve sermón: “ah pinche D, desde la prepa tengo que hacerla de guarura, te acuerdas esa vez en el Bull? qué voy a hacer contigo?, qué te estaba diciendo este güey? ya ves, PARA QUÉ ELIGES ESTA MESA?... es más, pídete la cuenta y ya vámonos de aquí...”

Qué más podía hacer, desahogué mi enojo en una carcajada. Y mucho más me reí cuando después, al estar haciendo cuentas entre todos, se oyó una voz en el micrófono: “bueno, pues esta rola se la dedico a las chicas guapas que saben bailar muy bien, sobre todo a las de aquí enfrente...” Ahora el tipo de la mesa de atrás estaba en la pista, ajá, enfrente de nosotros. Cálmate seductor, en serio me sigues viendo a mí? Cómo te lo explico...

No me esperé a escuchar con qué canción iba a salir el fulanito. Definitivamente no. Y mientras los demás decidieron seguirla en otro lado, mi paradójica amiga acabó yéndose con Ren (sí, de repente como que se le van las cabras...). Yo? Extrañamente no la pasé tan mal, y después de un baño tibio conseguí lo que quería: por fin estoy en mi cama platicando con alguien (bueno, aunque sea por celular vale, no?)... Aún así, sigo preguntándome si es que alguien conoce al idiota ese que afirmó que “cuando las viejas dicen que no, en realidad están diciendo que sí”. Si es así que me lo presenten, porque dejando a un lado a la dama que soy, a él sí tendré que partirle la madre, y claro, recuérdenme por favor no llevar esa pinche blusa verde.