Prisión de aluminio que abraza mi piel, desgarrándola. Movimientos robotizados. Ruedas en lugar de pies. Y eso qué?
Miradas lastimeras que anuncian la ignorancia de los pusilánimes, de aquellos cuya imaginación es tan breve que no pueden concebir que las cosas cambian. Aquellos cuyas ambiciones son muy cortas. Aquellos que le temen a las distintas tonalidades que la experiencia humana representa.
Definitivamente no puedes quedarte en medio de las tragedias.
En una catástrofe, sólo te quedan dos opciones: lo conveniente es o morir, en cuyo caso hay un funeral en donde alguien da unas elocuentes palabras y se menciona lo maravilloso que eras, para enterrarte y dejarlo así; o recuperarte pronto, en cuyo caso todos olvidan la catástrofe.
O te recuperas o te mueres: a la gente le molesta que te quedes atorado en medio.
Les incomoda ver errores en el sistema, en su mundito pseudoperfecto que no acepta nada de lo que no se pueda evadir, se niegan a aceptar que hay fallas cuya solución escapa de sus manos, porque les recuerda lo jodidamente vulnerable de su condición como seres mortales. Les recuerda a ellos mismos. Su mente los limita, lo que ven sus ojos les sirve para un carajo, porque están cegados para comprender lo suficiente.
Y sí me duele el cuerpo, reconozco que no me ha sido fácil adaptarme a mis nuevas condiciones, pero me siento afortunada de entender que eventualmente mi situación ha de mejorar; en cambio, siento mucha más pena por aquellos cuyo criterio está más lisiado de lo que yo estaré jamás.
Este mal sueño pronto pasará. Las heridas cerrarán y seré grande. Habré evolucionado. Porque entonces se verá que nada ha cambiado: no soy un cuerpo que tiene alma, soy un alma que tiene una parte visible, llamada simple y llanamente “cuerpo”. Mi esencia, pues, es mucho más grande que eso.
Miradas lastimeras que anuncian la ignorancia de los pusilánimes, de aquellos cuya imaginación es tan breve que no pueden concebir que las cosas cambian. Aquellos cuyas ambiciones son muy cortas. Aquellos que le temen a las distintas tonalidades que la experiencia humana representa.
Definitivamente no puedes quedarte en medio de las tragedias.
En una catástrofe, sólo te quedan dos opciones: lo conveniente es o morir, en cuyo caso hay un funeral en donde alguien da unas elocuentes palabras y se menciona lo maravilloso que eras, para enterrarte y dejarlo así; o recuperarte pronto, en cuyo caso todos olvidan la catástrofe.
O te recuperas o te mueres: a la gente le molesta que te quedes atorado en medio.
Les incomoda ver errores en el sistema, en su mundito pseudoperfecto que no acepta nada de lo que no se pueda evadir, se niegan a aceptar que hay fallas cuya solución escapa de sus manos, porque les recuerda lo jodidamente vulnerable de su condición como seres mortales. Les recuerda a ellos mismos. Su mente los limita, lo que ven sus ojos les sirve para un carajo, porque están cegados para comprender lo suficiente.
Y sí me duele el cuerpo, reconozco que no me ha sido fácil adaptarme a mis nuevas condiciones, pero me siento afortunada de entender que eventualmente mi situación ha de mejorar; en cambio, siento mucha más pena por aquellos cuyo criterio está más lisiado de lo que yo estaré jamás.
Este mal sueño pronto pasará. Las heridas cerrarán y seré grande. Habré evolucionado. Porque entonces se verá que nada ha cambiado: no soy un cuerpo que tiene alma, soy un alma que tiene una parte visible, llamada simple y llanamente “cuerpo”. Mi esencia, pues, es mucho más grande que eso.
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